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Emilio Baz Viaud

El hotentote, 1941

Acuarela y pincel seco / cartulina
98 x 55 cm
EBV006

El personaje que por su amistad con Emilio Baz Viaud influyó con mayor peso en que su obra adquiriera una vena mexicanista fue José Antonio Gómez Rosas, conocido como El Hotentote, un artista recordado por sus escenografías teatrales, telones y decoraciones para centros nocturnos como el Salón México y el Ba-ba-lú, así como el vitral de la Hostería de Santo Domingo y por su papel como animador de fiestas de máscaras y de los ritos de iniciación para los nuevos estudiantes de San Carlos, las llamadas “perradas”, de las cuales Emilio Baz también participó.

 Emilio Baz elaboró un retrato de El Hotentote en donde lo representó con su acostumbrada composición que muestra el torso del personaje con los brazos cruzados. Sin embargo, es quizá el retrato más mexicanista de Baz Viaud debido a los rasgos del artista de origen veracruzano que destaca por su corpulencia y su tez obscura, así como sus rasgos de ascendencia afroamericana como los labios gruesos y la nariz ancha que motivaron su apodo referente a un grupo étnico nómada del sudoeste de África, aunque  no deja de ser curioso que se le comparara a Gómez Rosas con el grupo de los hotentotes, ya que son personas con un tamaño promedio de 1.50 m., a diferencia del pintor que era bastante alto.

 En la pintura, Gómez Rosas aparece con una camiseta de rayas horizontales azules, verdes y rojas de diverso grosor, situado en la azotea de una vecindad, lo cual trae a la memoria la estética y el estilo de vida de personajes que comenzaron a aparecer al final de los años cuarenta en películas como Campeón sin corona (1945) o Nosotros los pobres (1948) o en historietas como La Familia Burrón (1948), que básicamente documentaron la vivencia de las clases pobres. Sus protagonistas, habitantes de vecindades –Pepe el Toro y Borola Tacuche- superan gran cantidad de dificultades con el fin de conseguir una vida digna, pese a la falta de recursos. No obstante, la película protagonizada por Pedro Infante, Nosotros los pobres, fue filmada siete años después de que este cuadro se pintara en 1941.    

 La vecindad que sirve de fondo y que corresponde a la que vivía El Hotentote en la calle de Adolfo Gurrión en el barrio de La Merced, se ve en picada pero en una extraña perspectiva curveada, además de que las puertas de los cuartos, las macetas, los corredores, la ropa tendida, así como la mujer recargada en el barandal y el perro, están pintados con menor detalle que el retrato, lo que nos lleva a relacionarlo con el propio estilo más sintético con que Gómez Rosas dibujó sus escenas de la ciudad, como en el caso de cuadro como La cena de los ricos.

 El Hotentote además era parte del grupo de artistas que procuró criticar la supremacía de los muralistas tal como lo expresó en su cuadro La tragedia griega en el que presentó una sátira del Premio Nacional de las Artes de 1946, en el que ganó Orozco y del cual también participó Emilio Baz Viaud. La imagen de Gómez Rosas representa a José Clemente recibiendo el premio, mientras Justino Fernández le levanta la cola de su túnica, Rivera consuela a Frida y Siqueiros arenga a los demás artistas derrotados entre los cuales bien podría estar Baz Viaud, aunque Gómez Rosas los ha pintado bastante genéricos.

 Por otra parte, probablemente José Antonio Gómez Rosas fue pareja de Emilio Baz o al menos alguien por quien mostró especial afecto, recordando que en esa época las relaciones entre personas del mismo sexo eran bastante veladas, por lo que en este cuadro la portentosa imagen de El Hotentote, parece también sugerir otro discurso en relación a la virilidad asumida por la comunidad gay, como forma de frenar la discriminación y guardar las apariencias, tal como también vendría a ser el propio cambio que realizó en su efigie Emilio, como da cuenta su segunda autorepresentación, el Autorretrato con camisa azul. A ello habría que sumar la intimidad del lugar en que fue retratado Gómez Rosas, en tanto como mencionó Salvador Novo en su autobiografía La estatua de sal, las azoteas de las vecindades fungían como un espacio que permitía prácticas homosexuales clandestinas, como también vendría a plantearlo el cuadro Las doce menos cuatro de Agustín Lazo, otro caso de un artista mexicano que procuró mantener en el anonimato su vida amorosa. 

Maestro Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2019.

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