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Emilio Baz Viaud

Autorretrato del artista adolescente, 1935

Acuarela y pincel seco / cartulina
60 x 39.7 cm
EBV005

Autorretrato del artista adolescente es una de las pinturas más sobresalientes del repertorio de Emilio Baz Viaud, tanto por su limpio y delicado dibujo, como por ser la primera autorepresentación que se conoce que produjo, con tan sólo 17 años.

 El título le fue asignado en 1984 para la exposición Siete pintores otra cara de la escuela mexicana, exhibición que sacó del ostracismo a Baz Viaud que desde los años 50 no presentaba su obra en ninguna muestra. Por ello es probable que para generar una mayor expectación por este entonces desconocido pintor, se le haya puesto a su autorretrato, un título que parafrasea a una de las obras emblemáticas del escritor irlandés James Joyce.

 Es plausible que, originalmente esta pintura se hubiera expuesto algunas décadas antes, tan sólo con la denominación Retrato, justo el nombre con que apareció en diciembre de 1941, la primera de las piezas de Emilio Baz Viaud exhibidas en una colectiva en la Galería de Arte y Decoración, la cual dirigía Eduardo R. Méndez, importante impulsor del arte mexicano y en la que Emilio Baz compartió espacio junto a trabajos de otros creadores de la talla de Raúl Anguiano, José Chávez Morado, así como los exiliados españoles José Bardasano y Miguel Prieto.

 En esta pieza Baz se representó frontalmente, con una camisa blanca con los botones ocultos que, por su caída suave, que forma pliegues en los brazos, parece emular seda o algún algodón muy fino. El rostro girado en tres cuartos, es de una gran sobriedad, pese al detalle con que elaboró cada una de sus facciones, como sus delgados y sensuales labios, sus largas y rectilíneas cejas, así como sus ojos castaños y sus apenas perceptibles pestañas.

 El único detalle que parece romper sutilmente con la serenidad del rostro, son las puntas abiertas del cabello, el cual se encuentra perfectamente peinado de raya y aparentemente engominado, como acento de la distinción con la que se proyectó este joven artista.

 Al representarse Baz Viaud tomando un lápiz verde, cual muestra de su oficio como pintor, es un elemento inicial que nos permite pensar en que haya sido la primera obra que hubiese decidido exponer públicamente en la mencionada muestra de 1941, para precisamente dar a conocer su nombre y su efigie.

 Tan sólo dos años antes, Emilio tuvo la oportunidad de conocer en Nueva York a Lincoln Kirstein, escritor, coleccionista de arte y consultor en el Departamento Latinoamericano de Pintura y Escultura del Museo de Arte Moderno de Nueva York, quien le auguró grandes éxitos. El contacto con este personaje se dio gracias a las frecuentes visitas que hacía a su hermano Ben-Hur Baz, que trabajaba en La Gran Manzana como diseñador para revistas cual Harper’s Bazar, Mentor Magazine o Squire.

 De hecho, de la misma época del autorretrato de Emilio Baz Viaud, data uno elaborado por su hermano Ben-Hur, en el cual probablemente se inspiró Emilio, ya que lo consideraba su maestro. En su autorretrato Ben-Hur Baz Viaud se representó con pincel en mano frente a un restirador, con lo que expresó su profesión de igual forma.

 En los años 40, Emilio Baz participó de algunas muestras colectivas como la que reseñó Jorge Juan Crespo de la Serna en 1944, sobre el segundo Salón 20 de Noviembre, en donde junto a artistas como Isidoro Ocampo, Nahui Ollin o Ángel Bracho, Emilio Baz Viaud expuso nuevamente la obra Retrato, la que el crítico de arte describió como la imagen “de un joven de implacable factura y gracia”,[1] motivo que nos lleva a pensar una vez más en el  Autorretrato de un artista adolescente y no en su segundo autorretrato que data de ese periodo. 

 El certamen más importante del que participó Emilio Baz Viaud en esa época, fue la Exposición Nacional de Artes Plásticas de 1946, donde se le otorgó el Premio Nacional a José Clemente Orozco por sus murales del Hospital de Jesús y en donde se presentaron los famosos autorretratos de Frida Kahlo El Venadito y de Siqueiros El Coronelazo.  Por su parte Baz Viaud expuso de nueva cuenta Retrato, así como el Retrato del Doctor Gustavo Baz,[2] pieza central en la producción de este artista, pues al representar a su importante pariente, al mismo tiempo Emilio se ubicó como parte de una familia de abolengo, que supo sumarse al proyecto posrevolucionario, tal como lo hiciese el Dr. Baz en sus diferentes cargos en la administración pública, así como en su labor de coleccionista del arte de pintores como Diego Rivera, Carlos Mérida y Manuel Rodríguez Lozano.

 Tras los años en la Academia, en 1949, Emilio Baz se trasladó a la ciudad de San Miguel de Allende en donde Siqueiros pintaba su mural Vida y obra del general Ignacio Allende con la colaboración de artistas extranjeros como el canadiense Leonard Brooks, al cual Baz Viaud invitó a participar en una galería que el mexicano inauguró, la Baz Fischer, posiblemente la primera de esa ciudad,[3] que contó con la participación de otros artistas foráneos que comenzaban a llegar a esta ciudad como David Anton o John Baldwin. De esta época queda constancia la medalla de oro que le fue otorgada por la Universidad de Guanajuato en 1950, por su mérito artístico, en una exposición celebrada en el Instituto Allende que convocó precisamente a los mejores artistas locales e internacionales residentes en la ciudad de San Miguel de Allende. Curiosamente la obra que Emilio presentó y con la que triunfó a la postre estaba titulada de nueva cuenta como Retrato.[4]

 En febrero de 1951 Baz Viaud tuvo su primera exposición individual en una galería, exactamente en la Clardecor de Paseo de la Reforma,[5] sin embargo, no existe un catálogo de las obras presentadas, pero al revisar exhibiciones actuales con pinturas de Baz Viaud, nunca vuelve a aparecer un cuadro tan sólo con el nombre Retrato, por lo que es probable, sobre todo por la descripción que hiciera Crespo de la Serna, que efectivamente sea el primer autorretrato de Baz la pintura que presentó en las diferentes exposiciones en la primera mitad del siglo XX, pensando además en que fue un cuadro que el artista guardó a lo largo de su vida hasta su deceso y posterior ingreso a la colección Blaisten.

 

 [1]Jorge Juan Crespo de la Serna,  La clepsidra y los días (México: Bellas Artes, 1958), 40.

[2]Justino Fernández, Apéndice “Premio Nacional de Artes y Ciencias 1946, Exposición Nacional de Artes Plásticas. Documentos, Catálogo y Acta Final”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Volumen IV, número 16, 1948,99-104.

[3]J. N., “San Miguel de Allende”, The Mexico City News,  25 de enero de 1987, 20.

[4]Archivo General de la Universidad de Guanajuato, Fondo Secretaría General, Expediente 6.63_3,  26 de agosto de 1950, foja 1-10.

[5]La Galería Clardecor era un salón de exhibiciones de diseño de interiores que por aquella época presentó exposiciones de artistas disidentes a La Escuela Mexicana como Leonard Brooks (1949),  Arturo Souto (1949), Mathias Goeritz (1950), Antonio Rodríguez Luna (1950) y Leonora Carrington (1951).

Maestro Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2019.

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