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Roberto Montenegro

Mujer de Tehuantepec,

óleo s/ tela
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 Aunque se muestra inacabada, Mujer de Tehuantepec es una obra culminante en el trabajo de Roberto Montenegro, en tanto que presenta una variante de un tema al cual el artista fue asiduo a lo largo de su carrera y por tanto, es testimonio de la inmensa variedad de estilos con los que este pintor trabajó. De hecho, Montenegro es el artista mexicano que decidió investigar y acercarse al mayor número de tendencias artísticas de su época -que van del art nouveau, al surrealismo y hasta la abstracción- sin por ello traicionar su propia personalidad, sino al contrario, por un lado exaltó su versatilidad y su lugar como uno de los pintores más vanguardistas de México, a la par de mantener su compromiso por revalorar la cultura local, pero siempre de forma renovada, como dan cuenta sus diferentes propuestas plásticas sobre las mujeres de Tehuantepec.

 En los albores del siglo XX, Roberto Montenegro por influjo de su primo Amado Nervo, participó de la Revista Moderna, publicación en la que destacaban las ilustraciones de Julio Ruelas, de índole fantástica y atmósferas enrarecidas, en que las figuras femeninas se distinguen por la sensualidad que emanaba de los ritmos de sus cuerpos desnudos y de su mirada cautivadora. Tanto en México como en su viaje a Europa en 1906, Montenegro asimiló este tipo de figuración, lo cual es visible en Mujer de Tehuantepec en el descaro y alegría con que la dama mira seductoramente hacia el público.  

 Ante el llamado de José Vasconcelos a participar de la reconstrucción del país desde el ámbito de la cultura, Montenegro se integró al naciente movimiento muralista al pintar en 1922 el fresco El árbol de la vida en el Ex colegio de San Pedro y San Pablo. Marcado por el interés vasconcelista de exaltar un humanismo que diera cuenta de la conexión de México con la cultura occidental, Montenegro decidió pintar en la base de este mural, 12 figuras femeninas incólumes, que en su vestimenta recuerdan a las togas usadas en la antigua Grecia. Precisamente su atuendo a pesar de ofrecerles cierta rigidez, al mismo tiempo las vuelve en personajes sólidos, atemporales, como si fueran una columna, misma sensación que nos ofrece Mujer de Tehuantepec.

 Antes de volver a su patria, Montenegro se vinculo? con la fantasía colorística y el gusto por el folclor español de Hermenegildo Anglada Camarasa al conocer su trabajo pictórico en Mallorca. Ello también impactó su postura artística en México, ya que Montenegro se interesó por estudiar y exponer el arte popular y el folclor mexicano, lo cual es visible en la serie de vitrales que diseñó Montenegro y construyera Jorge Enciso, también en San Pedro y San Pablo, con los temas de El jarabe tapatío y La vendedora de pericos; es en este último donde Montenegro pintó por primera ocasión, a una mujer que carga con dignidad y gran acto de malabarismo productos locales, ataviada con un vestido regional.

 Esta representación tiene como raíz a las mujeres del Istmo oaxaqueño, las cuales fueron consideradas como una figura central de la cultura mexicana, ya que las tehuanas provienen de una región de origen zapoteca, en que se guían por un matriarcado, es decir, que las mujeres toman las decisiones más importantes, además de que su vestido formado por una blusa a la que se nombra huipil y una falda denominada como enagua, es considerado el vestido más hermoso de América.

 Muchas mujeres ligadas a la cultura posrevolucionaria decidieron utilizar este traje, sin embargo, es probable que Frida Kahlo haya sido su portadora más famosa, ya que al ser un vestido de origen mestizo, es decir, con las técnicas de bordado prehispánicas, pero con la alusión a los vestidos de la virgen católica, también fue metáfora de la identidad binacional de Frida, al ser hija de un alemán y una mujer cuya familia provenía precisamente del Istmo de Tehuantepec. Montenegro fue uno de los artistas que quedó cautivado con la presencia de Frida, a quien retrató en al menos tres ocasiones con dicho atuendo regional.

 Para el final de los años 20, el movimiento mexicano de pintura comenzó a ser criticado, en tanto que, dentro de su afán de revalorar las tradiciones locales, se consideraba que caía en una explotación folclórica, fomentando un arte exótico, que sólo era llamativo para los turistas. En este sentido Montenegro una vez más retomó la figura de la tehuana pero desde una óptica muy distinta.

 Es en esta época, en que a través de la revista Contemporáneos, comenzó a difundirse el trabajo de los surrealistas europeos; Montenegro, cercano a los literatos que encabezaban esta publicación, desplegó una figuración fantástica, centrada nuevamente en la imagen de la tehuana, a través de una serie de pinturas en que estas mujeres aparecen abandonadas, en lugares solitarios, únicamente rodeadas ya sea por arquitectura fragmentada, que hace alusión a las grecas escalonadas del mundo maya o por enigmáticas cráneos o máscaras prehispánicas -ambas presentes en Mujer de Tehuantepec. Así la tehuana se convierte en un ser mítico, que vive desde el silencio, las ruinas y lo extraordinario, el drama eterno del pueblo mexicano.

 Para los años 40, en que el surrealismo se asentó de forma definitiva en México, Montenegro continúo con la representación de mujeres indígenas en paisajes yermos, que recuerdan a la Pintura Metafísica, como es posible de ver en Homenaje a de Chirico (Colección Blaisten), pero que también aluden a un pueblo desgastado por la guerra, en que solo quedan las mujeres para llorar a sus muertos.

 Con el cambio de paradigma en la pintura, que implicó la ascensión del arte abstracto tras la Segunda Guerra Mundial, como un arte ajeno a la propaganda política, Montenegro a diferencia del resto de los muralistas que se opusieron a dejar la figuración realista, comenzó a incluir más elementos abstractos en sus lienzos a partir de los años 60, en los que, aunque no elimina por completo la representación de figuras, son los valores plásticos los que destacan mayoritariamente. Esto es perceptible en las veladuras, luces y raspaduras de las grecas y cráneos del fondo de Mujer de Tehuantepec. Incluso las sandías que parecen inacabadas develan una sensación pétrea como el mismo vestido de la mujer.

 A través de este recorrido podemos dar cuenta de que en el caso de Roberto Montenegro, nos encontramos con un artista que en su deseo de mantenerse vigente y al día con los movimientos de la época, terminó por acercarse a diversos estilos artísticos, sin por ello poner en riesgo, su lugar como un artista mexicano moderno.

 

 

 

Dr. Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2021.

Otras obras del artista

Fondo Roberto Montenegro. Fondo Jonh y Marie Plakos

Fondo Francisco Díaz de León