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Rufino Tamayo

Naturaleza muerta con pie, 1928

Oleo / tela
58.1 x 51 cm
RT003

Tamayo es uno de los artistas mexicanos que no asimiló la vanguardia en Europa sino a partir de la pintura que admiró en Nueva York, ciudad que visitó por vez primera en 1926, al celebrar una exposición individual en la Weyhe Gallery. Residió en la gran metrópoli a partir de 1934, donde maduró como artista y obtuvo, paso a paso, una prestigiosa carrera internacional. Lejos de huir del ambiente artístico mexicano, como han sugerido ciertos estudiosos, Tamayo pudo confirmar en la ciudad de los rascacielos muchos de los postulados estéticos procedentes de Europa, que la crítica mexicana señalaba en las revistas sobre sus inquietos coetáneos, en la dimensión personal de sus obras. Antes de hacer contacto con el exterior, vale decir que Tamayo fue el producto del panorama artístico mexicano y que su obra sufría, temáticamente, de un cierto provincialismo, como el de las escuelas de pintura al aire libre, aunque siempre buscó practicar lenguajes plásticos cosmopolitas. Fue un artista en constante experimentación que depuró su pintura a partir del estudio de otros artistas-como María Izquierdo en México, y como Braque y De Chirico en Nueva York cuyas cualidades formales aquilató e hizo suyas. Ello explica la condición metafisica de la Naturaleza muerta con pie, y del inquietante conjunto de objetos disímiles en la composición. Por la fecha, se convierte en una de las primeras obras de estilo plenamente internacional en la trayectoria artistica de Rufino Tamayo.

Cfr. El catálogo de la gran retrospectiva, Rufino Tamayo: 70 años de Creación. México, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1988

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Fondo Francisco Díaz de León