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María Izquierdo

Retrato de Belem, 1928

Oleo / tela
152 x 94 cm
MI003

El Retrato de Belem se presentó en la primera exposición individual de María Izquierdo, en noviembre de 1929, en la Galería de Arte Moderno del Teatro Nacional (actual Palacio de Bellas Artes), dirigida por Carlos Orozco Romero y Carlos Mérida. Diego Rivera, por entonces Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (rebautizada la Escuela Central de Artes Plásticas), donde Izquierdo había estudiado el año anterior, contribuyó un texto introductorio al pequeño catálogo. Enfatizó con acierto la ?serenidad valiente con que escribe en modo acerbo el carácter de sus retratos?. Este retrato temprano de su media hermana es una premonición del carácter acentuadamente escultórico de sus retratos y autorretratos posteriores. A Izquierdo no le incomodaba ser identificada con la ?escultura antigua (azteca)? y a menudo imprimía una apariencia con igual tratamiento de cincelado a los modelos en sus retratos. El amoroso y delicioso tratamiento detallado de los objetos en Retrato de Belem, así como en la figura de la niña, contrastan con la simplificación del espacio. Los floreros, el cartapacio y un sonajero laqueado de Olinalá, Guerrero (una discreta referencia al colorido arte popular que Izquierdo coleccionaba) están cuidadosamente representados pero no proyectan sombras en el mantel blanco; tampoco las líneas de las duelas del piso ni la tapa del ropero obedecen a las leyes de la perspectiva y el costado izquierdo de éste deja ver una parte del piso mientras que su tapa parece proyectarse más allá del cuadro. La elegante simplicidad de esta composición aparentemente naif sugiere familiaridad con la pintura francesa contemporánea. Una exposición a principios de 1929 en la Escuela de Bellas Artes incluyó obras de Derain, Matisse, Gleizes, Cézanne, Picasso y Vlaminck. Aunque aquí Izquierdo podría estar respondiendo al cubismo, la nitidez de la línea y la yuxtaposición desinhibida de formas planas y modeladas sugieren que quien más le interesó fue Matisse. Como todos los artistas profesionales, la pintora tenía la capacidad de absorber y reinventar. El Retrato de Belem testimonia su presencia artística personal.

Dawn Ades, Arte Moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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