X

María Izquierdo

Hombre con caballo, 1932

Gouache / papel
21.5 x 28 cm
MI013

 Las pinturas de María Izquierdo se presentan como una compleja reiteración plástica de objetos y asuntos sencillos, trabajados con un uso magistral del color y a través de composiciones cargadas con una alta sensibilidad poética. Las escenas de Izquierdo parten de los recuerdos de su infancia y de la cultura popular con la que creció hasta convertirse en enrarecidas, perturbadoras y enigmáticas atmósferas, las cuales le permitían, como ella misma señaló, huir de la anécdota, en pos de construir con su obra una ventaba abierta a la imaginación.

 María Cenobia Izquierdo nació en San Juan de los Lagos, tierra agropecuaria que además se distingue por su ferviente catolicismo y por sus festejos populares, especialmente las ferias pueblerinas de las que Izquierdo extrajo buena parte del material con el cual inundó sus pinturas. Por ello, dentro de su universo pictórico sobresalen sus escenas de circo, como revelaciones de un mundo fantástico, lleno de personajes capaces de las hazañas más increíbles. En su encuentro con este mundo, María Izquierdo rememoró un episodio que pareciera estar envuelto de características sobrenaturales: el salir ilesa siendo niña, al ser atropellada por una manada de caballos salvajes desbocados justo en la feria anual de San Juan de los Lagos.

 Este evento que parece haberle causado pavor y al mismo tiempo una fascinación por los equinos, provocó que la presencia de estos se volviera central en el quehacer artístico de María Izquierdo, desde su aparición en acuarelas de los años 30, como lo es Hombre con caballo, el cual curiosamente sugiere el tema del control o doma de este animal, en este caso, por parte de un indígena con ropa de manta que lo jala de las riendas, mientras el corcel aparenta resistirse, como lo sugiere el movimiento de sus patas.

 Otro elemento a notar, es el paisaje yermo, frecuente en los horizontes desolados pintados por Izquierdo en los años 40, a la par de su uso de una perspectiva profunda que en Hombre con caballo establece un sendero que parece no tener final; estos elementos dotan al entorno de un aspecto misterioso y ajeno a un tiempo definido, lo que sin duda muestra la refinada síntesis de Izquierdo entre sus experiencias rurales y su conocimiento de los movimientos europeos que iban más allá de un realismo anecdótico, en pos de revelar un ambiente inmerso en patetismo y poesía como procuraron la Pintura Metafísica o el Surrealismo.

 La creación de esta pieza se dio justo cuando comenzó su conocimiento del arte de vanguardia, a través de su primer viaje a Nueva York y de la mano de la retroalimentación que implicó su vínculo artístico-personal con Rufino Tamayo, quien fuera el que la introdujo en el uso de la acuarela. En este periodo de vasos comunicantes, ambos pintores optaron por ejecutar cuadros herméticos, en que solían representar enigmáticos y desérticos paisajes campesinos, dentro de los cuales se exaltaba la profundidad del espacio y aparecía una marcada predilección por una materia pictórica oscura y una gama de colores donde predominaban los ocres, como es el caso de Hombre con caballo.

Dr. Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2021.

Otras obras del artista