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María Izquierdo

La raqueta, 1938

Oleo / tela
70 x 50 cm
MI018

La raqueta, una de las obras maestras de Izquierdo, es una composición inquietante. Los ruinosos muros indican abandono, y la ventana hundida se abre a una escena oscura y tormentosa. La ventana se ubica al centro, como un cuadro sobre la pared, pero la sensación más factible es la de estar en una casa blanca, de un piso y con una sola ventana, a semejanza de las que se aprecian en obras posteriores como en Desolación (1947, colección particular) Dominan el cuadro diversos objetos dispuestos sobre una mesa, junto a un piano vertical con un candelero vacío, que evocan una figura ausente. El conjunto alude a juegos y entretenimientos modernos: raquetas y pelotas de tenis, cigarrillos, un par de elegantes guantes blancos, una máscara de carnaval, una corneta y un cepillo para ropa. Estos componentes prefiguran las vestimentas y adornos que aparecen en lienzos posteriores, como El alhajero (ca. 1941, Banco Nacional de México) o El velo de la novia (1943, colección particular), donde la figura ausente es la propia María Izquierdo. Al igual que su colega española Maruja Mallo, contemporánea suya, Izquierdo se inspiró de la misteriosa atmósfera de las obras de De Chirico. Algunos elementos de La raqueta están extrañamente animados: el pulgar y el índice del guante en primer plano se doblan como para sostener el cigarrillo, y el rosa oscuro de la máscara parece teñirle de rubor las mejillas. No obstante, estos elementos de Izquierdo refieren más a atributos mundanos, forman un conjunto de claves de identidad. Este cuadro se exhibió en 1948 con el título de Sueño de una doncella, aunque no es claro si lo que está sobre la mesa pertenece a la joven o a un admirador imaginario. Izquierdo pudo conocer el objeto surrealista de Valentine Hugo que fue reproducido en Le surrealisme au service de la révolution (1931, núm. 3), donde los dedos de una mano enguantada se insertan apenas bajo el puño abierto de su compañera. También en estos elementos hay una connotación igualmente erótica, una promesa de encuentro, una sensación táctil de percusión (la pelota sobre los hilos de la raqueta, las teclas del piano). La cerda del cepillo contrasta con la corneta, que podría ser tanto una forma fálica como una femenina, no muy distinta de ciertas esculturas de Giacometti. El ?sueño? del título justifica esta lectura de la obra, en vista de que en este momento dominaba la propuesta freudiana sobre el simbolismo del sueño con una connotación de significado sexual. Son innegables el conocimiento y las reacciones bien fundadas de Izquierdo a la vanguardia europea pero, como en esta pintura, siempre les imprimió un carácter específicamente mexicano. En La raqueta, el edificio en ruinas que evoca la Revolución es confrontado por los objetos relacionados con el ocio y el placer, choque que, con toda su ambivalencia, está fuertemente imbuido por el sentido de una historia y una experiencia que rebasan lo puramente estilístico.

Dawn Ades, Arte Moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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