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María Izquierdo

El teléfono, 1931

Oleo / tela
40.5 x 40.5 cm
MI032

Describir esta insólita e incandescente composición como una ?naturaleza muerta? da pie a interesantes cuestionamientos sobre las formas en que fue reinventado este género tradicional en las primeras décadas del siglo XX. María Izquierdo sigue la convención de colocar objetos conocidos sobre una mesa ubicada contra un fondo neutro, pero hasta aquí termina la similitud con las convenciones desarrolladas por los pintores holandeses en el siglo XVII y por el artista francés Chardin en el siglo XVIII. Tanto su manera de pintar como la elección de los objetos revelan un enfoque sumamente original que desconcertó a los críticos de su época, pero que dan cuenta de su apropiación de las complejas corrientes del arte vanguardista dentro del contexto mexicano. El tema es el moderno teléfono, con sus bocinas representadas en grises metálicos sobre marrones terrosos, rojos y ocres. Uno de los extremos de un compás cuidadosamente delineado sigue la línea horizontal del borde de la mesa. Esta precisión contrasta con la deliberado rechazo de la perspectiva tradicional en cuanto al tratamiento de la mesa. Más que apegarse a las reglas de la perspectiva, que habrían alejado los bordes de la mesa, éstos se abren hacia los extremos, distanciándose del espectador. Este recurso fue usado algunas veces por los pintores cubistas para distorsionar las convenciones del ilusionismo pictórico, aunque también sería un rasgo de los pintores naif, ajenos a las normas académicas. Izquierdo fue sensible al rechazo de la pintura académica que volvió la atención de los jóvenes artistas a formas de expresión más espontáneas y, en apariencia, no aprendidas; también estuvo al tanto del estallido de los estilos vanguardistas en Europa. Un artículo de Gustavo Cruz Hernán de 1929 definió las dos principales tendencias artísticas del momento como ?arte puro? y arte de contenido social. Mientras que el primero significaba probablemente una gama de estilos de vanguardia, es posible que Izquierdo conociera el purismo fundado en 1920 por Amédée Ozenfant y Charles Édouard Jeanneret (Le Corbusier), que más que adoptar la abstracción, propugnaron por una ?máquina estética? enfocada en los objetos, con formas geométricas puras. Aunque El teléfono no es una pintura purista, su énfasis en las formas poderosas, casi arquitectónicas, y en los ecos de las formas circulares, producen una vitalidad constructiva que la artista subraya al incluir los dos compases. Izquierdo fue cercana en esta etapa de su carrera a Rufino Tamayo; esta obra comparte el énfasis de Tamayo en la aplicación directa del pigmento y la riqueza de colores fuertes con el uso frecuente del negro para acentuar el sombreado.

Dawn Ades, Arte Moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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