Óleo sobre fibracel
60.5 X 80
DHX001
La piñata (Bodegón de posada)
Este bodegón de Desiderio Hernández Xochitiotzin se destaca por el potente colorido de sus elementos, los cuales están presentes en las llamadas “Posadas” que son fiestas realizadas los nueve días previos a la Nochebuena en varios países practicantes de la religión católica como México.
Una posada en la actualidad es la representación del peregrinaje que realizaron la Virgen María y José, quienes caminaron desde Nazaret a Belén antes de que naciera Jesús. Al caer la noche “pidieron posada” en no pocos mesones y hogares, hasta que finalmente les ofrecieron descansar en un establo en donde la Virgen María dio a luz al hijo de Dios.
En 1587, en el pueblo de San Agustín Acolman, al noroeste de la Ciudad de México, se originó la práctica de las posadas ya como festividades cuando el Papa Sixto V le concedió a Fray Diego de Soria el permiso para realizar esta celebración en la Nueva España, costumbre que fue lentamente arraigándose en los indígenas novohispanos, quienes le añadieron el toque mestizo a la tradición.
Desiderio Hernández Xochitiotzin, de origen tlaxcalteca, recoge en este cuadro dicho mestizaje y nos muestra los distintos elementos que conforman la celebración: La piñata representa la fe ciega, la verdad y los dones que la naturaleza nos concede. Como premio, dicha fe y la perseverancia son representadas en esta obra por diversas frutas; cañas, tejocotes, limones y naranjas.
En este cuadro destaca una piñata en forma de buey, animal que simboliza el deseo de una cosecha fructífera. Se piensa que la piñata surgió en China en donde para tener buena suerte en la agricultura, se fabricaban con papel figuras de vacas y de bueyes, las cuales llenaban con semillas, eran reventadas con palos de colores y posteriormente quemadas.
A la piñata se le relaciona con el gran viajero y explorador Marco Polo quien la llevó de China a Italia, país en que se utilizó para conmemorar la cuaresma, de ahí pasó a España y finalmente los misioneros franciscanos y agustinos la trajeron a México junto con las posadas, las pastorelas y la tradición de “arrullar al Niño Dios”. Cabe señalar que en sus inicios la piñata original tenía la forma de una estrella con siete picos los cuales representaban los siete pecados capitales y los vibrantes colores simbolizaban la tentación.
Se acostumbra que las piñatas contengan caramelos y otras golosinas, que representan las riquezas del reino de los cielos, pero también se ofrendaban como “aguinaldos” los cuales encontramos en el cuadro como pequeños cestos en forma de vistosas flores justo al lado de las velas, tradicionalmente encendidas a la hora de pedir posada. Adentro de una gran canasta, llena de frutas y cacahuates, se aprecia también un par de panderos y muy probablemente las hojas de la letanía, la cual se canta a la luz de las velas que son las que guían el paso de los peregrinos, a los que el artista añade a la escena en la parte izquierda inferior de la composición.
A Desiderio Hernández se le conoció como un pintor preocupado porque su obra fuera lo más fidedigna posible, cada fruta, cada detalle, debía corresponder con lo que realmente era y la época de aquello que estaba representando, lo cual consideraba parte de la seriedad de su trabajo, dan cuenta de ello los caramelos esparcidos sobre la mesa, al igual que las jícamas, leguminosas originarias de México. Esta obra, pintada con gran delicadeza es una evidencia del sincretismo que nace de la mezcla de tres culturas tan diversas; la asiática, la europea y la americana.