Rosario Cabrera, 1901-1975

Rosario Cabrera López nació en la Ciudad de México el 5 de junio de 1901. Erróneamente considerada como pintora naïf, y sólo actualmente distinguida como pintora académica, Rosario Cabrera fue una más de las artistas que tomaron parte activa en el llamado renacimiento mexicano.

Su infancia estuvo marcada por la muerte de sus padres, a los 12 años ya había perdido a ambos, sin embargo hubo tiempo suficiente para que su padre, quien fuera aficionado a la pintura, al tallado en madera, la guitarra y al flamenco, despertara en Rosario su vocación artística; desde temprana edad realizó sus primeros dibujos, revelando una gran capacidad para reproducir figuras humanas, animales y bocetos tomados de la naturaleza.

En 1916, Rosario Cabrera se convirtió en una de las primeras mujeres en estudiar pintura de manera formal al ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la instrucción de Saturnino Herrán, Leandro Izaguirre, Germán Gedovius, el escultor Arnulfo Domínguez Bello y el gran impresionista Mateo Herrera. Cuatro años más tarde, en diciembre de 1920 participó en la exposición anual de su escuela recibiendo muy buenas críticas del pintor guatemalteco Carlos Mérida.

En 1921 tuvo su primera muestra individual en la misma institución, donde presentó alrededor de cincuenta obras. En 1924 asistió al Ex Convento de Churubusco, que posteriormente se convertiría en una de las Escuelas de Pintura al Aire Libre. Su promisoria carrera le permitió viajar a Europa a donde marchó en noviembre de ese mismo año y exhibió individualmente en París entre 1925 y 1926, volvió a México en enero del años siguiente. A su regreso, entabló amistad con el pintor Alfredo Ramos Martínez, fundador de las Escuelas de Pintura al Aire Libre, de esta manera, se volvió maestra de dichas escuelas, al igual que otros pintores.

 

A finales de la década de los 20’s, las Escuelas de Pintura al Aire Libre estaban siendo cuestionadas sobre sus propósitos y vigencia y Rosario Cabrera fue una de las artistas que asumió su defensa, convirtiéndose en la primera y única pintora que dirigió dos de estas escuelas; la de Los Reyes en Coyoacán (de 1928 a 1929) y más tarde la de Cholula. Tras el cierre definitivo de las escuelas, se concentró en la enseñanza de pintura y dibujo a nivel de educación primaria. Tal vez desilusionada por las promesas incumplidas de las instituciones post-revolucionarias en el ámbito de la educación, como muchos de sus contemporáneos, cesó su trabajo en los comienzos de los años treinta, al tiempo que María Izquierdo era la primera pintora avant-garde y Frida Kahlo iniciaba sus exhibiciones de manera profesional en San Francisco.

En la obra de Cabrera destacan sobre todo los retratos y paisajes. En los primeros se denota su sensibilidad, pues capturan el carácter de sus modelos y fungen como testimonio de quienes ocuparon un lugar importante en su vida, hombres y mujeres que posteriormente se convirtieron en artistas notables: Fernando Leal, Julio Castellanos, Gabriel Fernández Ledesma y Nahui Ollin, o amigos como Lupe Marín y Mirella Asúnsolo, entre otros. Ejecutados con mano segura, sus retratos reflejan un gran conocimiento de la proporción y por ende, de la anatomía, habilidad que por supuesto, también es evidente en sus esculturas, donde dichos conocimientos fueron aplicados en volumen con gran Maestría por Cabrera.

En cuanto a sus obras de paisaje, en las que no sólo representa la vegetación del lugar sino que además aparecen casas, destacan La nopalera, Paisaje y Casa de Los Reyes, Coyoacán, las tres pintadas en 1928 y la Casa Roja, pintada en 1926 durante su estancia en Europa. Todas estas obras, pertenecen a la Colección Andrés Blaisten en México, quien además resguarda grabados de la artista hechos en madera de pie y madera de hilo.

 

El Museo de Mujeres Mexicanas Artistas, fundado en 2008, la nombró “La primera gran pintora mexicana del siglo XX”. Murió en Progreso, Yucatán, México, el 30 de diciembre de 1975.