Juan Soriano

Cuatro esquinitas tiene mi cama, 1941

Oleo / tela
65 x 51 cm
JS002

Con un poder de observación suficientemente bueno para dar la impresión de sueño, Juan Soriano pinta a una niña dormida. Cuatro ángeles la rodean, flotando sobre las cuatro postes de su cama de bronce; son también niñas, de un edad entre púberes y adolescentes. La niña durmiente alcanza con su manecita más allá de donde la luz viene, como si intuyese esas presencias espirituales. De igual manera el escorzo de la cama la ubica momentáneamente en la nada, en la serenidad de un cuarto vacío que se ha vuelto escenario para nuestra mirada furtiva. En la pintura de Soriano siempre hay algo a punto de ocurrir; escoge instantes de quietud que duran sólo un instante. Cuadro poblado de luz y que advierte un umbral, el de la vigilia y la fantasía, el de la vida que observamos y la muerte de la que los ángeles guardan a esa niña. En una serie de cuadros pintados entre 1938 y 1946, Juan Soriano muestra niñas muertas y podemos ver en ellos los mismos personajes, la misma potencialidad interrumpida, el mismo foro para la detenida danza de la vida. Parafraseando a Octavio Paz, Soriano ve en las niñas metáforas y un ?puñado de signos?. Con frecuencia se ha llamado el pintor un ?niño viejo? y un ?frágil demonio?: prueba de ello parece ser el juego de palabras suspendido en el aire de éste cuadro. Un ritual común al imaginario popular, venido de las oraciones, quiere exorcizar el soplo de la muerte durante el sueño: según el refrán, ?cuatro angelitos de mi guarda y la virgen en medio que es mi compañera?. La inocencia es esa niña y es también la figura que invoca el rezo antes de dormir. La atmósfera del cuadro vibra con el uso rítmico de los colores opuestos en una gama cromática, que produce un efecto trémulo. Soriano insiste en una verdad muy vieja; que los colores son luz reflejada, accidentes de la materia y no su sustancia o realidad primera. Entre 1939 y 1940 el pintor participó como escenógrafo en el Teatro Orientación y después en el estupendo experimento que fue Poesía en Voz Alta; es de entonces su predilección por la puesta en escena y los espacios teatrales, tan evidente en esa obra.

Vid. Carlos Molina, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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