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Antonio Ruiz

El organillero, ca. 1925

Temple y óleo / cartón
30 x 20 cm
AnR005

En esta pequeña obra de Antonio Ruiz, una de las más tempranas de su obra conocida, se adivinan movimiento y vértigo, una crítica del paisaje urbano planteada con un gesto contenido. Una pareja anónima baila en el centro de la composición; el hombre lleva un traje elegante y polainas y el engominado cabello peinado de raya en medio, mientras que su compañera, con el cabello corto como las flappers estadounidenses, usa tacones y la falda, osadamente ?para la época? arriba de las rodillas. La tensión se concentra en el juego de pies que observa el organillero. La diversión y las ropas son modernas, pese a que el entorno se antoje provinciano, tan ingenuo como el muchacho que toca el organillo. En un dibujo a lápiz previo (Pareja de baile, colección particular), el paso de baile que se ensaya es idéntico, aunque sí se ve el rostro del hombre y el organillero sea bastante mayor, y la escena ocurra bajo el haz del alumbrado público, al abrigo de la noche. Otro dibujo a tinta y sin fechar, El fox (colección particular) caricaturiza a otra pareja, donde el hombre baila sobre mosaicos, encantado con el ?fox-trot? de 1914, cuya popularidad se explica por las libertades que concedía la pista de baile. En cualquier caso, la pintura de Ruiz contrapone los ritmos modernos con la música producida por un instrumento tradicional decimonónico, el conflicto entre la moda extranjera y una vieja costumbre mexicana. El organillero se puede comparar también con Serenata (1938) y El lechero (1940), ambas en la colección de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, relatos visuales de Ruiz del cortejo en las calles, tiernos e incisivos a la vez, mitad reportaje y mitad caricatura, similares a las de su amigo y colega Miguel Covarrubias.

Vid. James Oles / Carlos Molina, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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