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Luis Ortiz Monasterio

La Victoria, ca. 1940

Bronce
20 x 14 x 11. 5 cm
LOM002

La victoria era tradicionalmente representada como una mujer con alas que elevaba el vuelo mientras coronaba simbólicamente a un triunfador. La imagen fue usada por griegos y romanos y alcanzó la iconografía cristiana para darnos por resultado ángeles alados. A manera de rompecabezas, Ortiz Monasterio ha construido su idea de victoria. Lo que debemos de entender de entrada, es que al alterar de manera radical la imagen habitualmente conocida lo que el artista está haciendo es recodificar un mensaje. Esta victoria tiene la cabeza desprendida del tronco. Colocada prácticamente frente al pecho mira hacia uno de los lados. Atrás, una sola ala sobresale del cuerpo. Casi sin un brazo y sin una mano, la victoria está sentada. El artista nos ha querido hacer creer que el tiempo ha sido el causante del deterioro de la pieza, para que la emparentemos conceptualmente con las ruinas griega y romanas ya citadas. Pero hagamos unas lecturas de esta obra: la victoria a veces está de cabeza. Es decir, a manera de un aforismo la escultura nos plantea un problema mental para poder entender su sentido. Veamos otra lectura: no hay victoria completa, y para lograrla a veces se pierden la mitad de nuestros sueños y de nuestros deseos. La alegoría y la metáfora le interesaron a muchos de los artistas contemporáneos de Ortiz Monasterio, pero sin duda que él desarrolló una especie de género singular donde la lectura de su producción no debe ser literal. En esta otra lectura encontramos que el artista está filosofando sobre su entorno y sobre las direcciones de su época. El arte no sólo sirve para engrandecimiento del espíritu sino que además siempre ha sido uno de los instrumentos humanos más reflexivos acerca de nuestra condición.

Vid. Agustín Arteaga, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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