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Saturnino Herrán

Joven con calabaza, 1917

Lápices de color / papel
57 x 39 cm
SHe004

Éste es un buen ejemplo de los numerosos dibujos al crayón y acuareleados que, bajo la inspiración técnica de obras análogas del simbolista canario Néstor de la Torre, ejecutó Herrán a partir de 1914. Por lo regular se trata de estudios de figura, de medio cuerpo o de tres cuartos, en una ambientación paisajística, rural o urbana. Los muy salientes rasgos étnicos de un modelo sagazmente escogido (usualmente de origen indígena, criollo o mestizo), y su asociación con algún atributo folklórico, ponen en evidencia la voluntad del artista por expresar, a través de una iconografía reconociblemente local, lo que entonces se llamaba "el alma nacional". En la concepción de Herrán, lo esencial de esta "alma" residía en la condición mestiza del mexicano. La adornada blusa de percal y la tela enrollada sobre el abdomen, así como las largas trenzas, sitúan socialmente a la modelo que, mirándonos directamente con una sonrisa invitante, muestra la pulpa y las semillas de la calabaza cortada que en las manos ostenta. Igual que los "frutos de la tierra", la simpática y regordeta muchacha parece ofrecerse a sí misma, con arreglo a una tradición iconográfica de extensa prosapia tanto en Europa (Cézanne, Gauguin, Renoir, para sólo citar ejemplos finiseculares) como en México (Agustín Arrieta). Algunas de las obras más conocidas de Herrán se encuadran en esta tradición: pienso, por ejemplo, en El rebozo (1916), todo un poema a la fecundidad nacional. India con quechquemitl (1914) y Herlinda (1915) son dos dibujos muy afines al aquí comentado, tanto en su técnica como en su asunto.

Vid. Fausto Ramírez, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autonóma de México, 2005.

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