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Francisco Díaz de León

Naturaleza muerta, 1921

Pastel / papel
50 x 47 cm
FDL004

A la vigésimosexta exposición en la Escuela Nacional de Bellas Artes, inaugurada en el marco de las Fiestas de la Consumación de la Independencia, en septiembre de 1921, Díaz de León remitió trece obras. Un platón verde colmado de frutas (entre ellas papaya, guayaba, manzana, mango), asimétricamente colocado sobre un mantel azul, focaliza nuestra atención. Las formas de la fruta no sufren mayor distorsión, no así el mantel que, al igual que en un cuadro de Cézanne, se ve sometido a una suma de pliegues y alteraciones cromáticas totalmente inverosímiles, cuyo propósito compositivo resulta evidente. Se trata, en efecto, de proporcionarle un fondo contrastante y armonioso al motivo frutal; pero también, de unificar el plano pictórico concebido como una suma de colores y texturas obedientes a una lógica constructiva que se imponía sobre la realidad ?objetiva?. De esta manera, la estructuración de las formas y la construcción del espacio, como tarea primordial del artista, se anteponían a la recreación sensorialista en que los impresionistas se gozaban. Así Díaz de León satisfacía (acaso sin saberlo), el tenaz propósito de Cézanne de darle al impresionismo la solidez del ?arte de los museos?.

Vid. Fausto Ramírez, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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