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Germán Cueto

Máscara no. 551, ca. 1927

Lámina de cobre y estaño
34 x 21 x 11 cm
GC003

 

Con sus diversas aleaciones y pliegues metálicos, Máscara no. 551 forma parte de un momento clave en la obra de Germán Cueto, pero sobre todo, es testigo de la renovación y transformación que sufrió la escultura internacional durante el devenir del siglo XX.

 Mientras en América la práctica escultórica seguía anclada en la creación de monumentos cívicos que honraban a generales, políticos o personajes célebres, por medio del uso de materiales considerados propios de las Bellas Artes como el mármol; el caso de Germán Cueto, es el del primer escultor americano en experimentar con el lenguaje de las vanguardias, principalmente con la desintegración de las imágenes a partir de diversos planos geométricos heredados del Cubismo y con la tendencia de llevar a la figuración hacia notas abstractas, al priorizar el valor plástico y poético de las formas, por encima de la copia fiel de un modelo orgánico.

 Tras fungir como asistente de Ignacio Asúnsolo en la creación de un conjunto escultórico centrado en las imágenes de literatos latinoamericanos, para el patio principal del recién remozado edificio de la Secretaría de Educación Pública, Germán Cueto prefirió adentrarse en la investigación de materiales novedosos y en representaciones ajenas a un canon realista, al unirse en 1922, al grupo estridentista, considerado como la primera vanguardia mexicana y cuyo objetivo principal era proclamar la modernización del país, tanto en su infraestructura como en su cultura.

 En este periodo, Cueto realizó algunas máscaras, a manera de retratos extravagantes de algunos miembros del Estridentismo como de Germán List, Luis Quintanilla o Leopoldo Méndez, las cuales presentó en las veladas artísticas que organizó este movimiento. Son piezas elaboradas principalmente con cartón o terracota, no obstante, también datan de aquel tiempo, las primeras máscaras elaboradas por Cueto con chapa de hierro.

 Ya desde niño, Cueto se había acercado de forma autodidacta, a un aprendizaje heterodoxo de la escultura al utilizar pinzas y tenazas caseras para doblar láminas con las que intentaba imitar diseños de lámparas, pero fue sobre todo, hacia 1916, alrededor de los 23 años, en que conoció en Europa a su prima, la pintora cubista María Blanchard, que Germán quedó fascinado con las experimentaciones vanguardistas. Bastante probable es que por entonces, Cueto haya conocido el trabajo de Pablo Gargallo, artista español quien ya realizaba máscaras de metal recortado, que presentara en 1915 en Barcelona.    

 No obstante, las máscaras metálicas de Cueto al inicio de la década de los 20, son apenas un primer ejercicio de la maestría que obtendría posteriormente. Las aleaciones se muestran toscas y los dobleces apenas alcanzan a sugerir los componentes de un rostro. Será hasta 1927, momento en que decide regresar a Europa, en que Cueto perfecciona su técnica, justo el año de creación de Máscara no. 551.

 Junto a su esposa, la artista plástica Lola Cueto, Germán se instaló en París, cerca de su prima Blanchard y así renovó sus contactos con la vanguardia internacional, como con los creadores Juan Gris, Lipchitz, Brancusi, Gargallo y especialmente el uruguayo Joaquín Torres García, quien junto al poeta Michel Seuphor fundó el grupo Cercle et Carré, orientado hacia la creación de un arte abstracto basado en un proceso constructivo y reflexivo, en oposición al Surrealismo.

 La labor artística de Cueto durante esta estancia en la capital francesa y como parte de Cercle et Carré, se dividía entre piezas francamente abstractas y sus insólitas máscaras, las cuales, frente al recuerdo de su amigo, el literato Arqueles Vela, tanto en las veladas estridentistas como en las exposiciones en el extranjero, eran las que primero llamaban la atención del público.

 Para este momento como permite apreciarlo Máscara no. 551, Cueto optimizó su técnica de recortar y soldar el metal, dando cuenta de un manejo más poético de los pliegues y curvados para sugerir un rostro humano y al mismo tiempo ir más allá de su mera representación. Por ejemplo, a través de una serie de pequeños dobleces es capaz de evocar el volumen de las ojeras y los labios en contraste con el espacio que estos dejan para crear la sensación de las concavidades de los ojos y la boca.

 En abril de 1930, Germán Cueto presentó su obra junto al grupo Cercle et Carrè conformado por cuarenta artistas de diferentes nacionalidades, entre los que destacaban los nombres de Hans Arp, Fernand Léger, Le Corbusier, Wassily Kandinsky y Joan Miró. La representación de Cueto fue a través de dos esculturas y dos máscaras, las cuales no estaban diseñadas para ser utilizadas como vestuario, tanto por su tamaño, mayor al de un rostro, como por su peso, debido a las aleaciones de metal con que estaban fabricadas.

 Sin embargo, un hecho excepcional sucedió la noche de la clausura de la muestra, un evento artístico encabezado por un poeta belga, un músico italiano y un escultor mexicano. Seuphor declamó un texto acompañado por los sonidos amenazantes y atonales producidos por una máquina futurista diseñada por Russolo. Seuphor dictaba una conferencia acompañada de poemas, los cuales entonaba y diferenciaba al colocarse frente a él una de las máscaras de Cueto sujetada a un palo, por medio del cual podía acercarla a su rostro , cuando decidía volverse en un ente deshumanizado capaz de revelar una realidad superior a través de su canto lírico. Así Seuphor diferenciaba su identidad entre lo discursivo y lo poético, justo como separó en su texto a la literatura de la poesía, entre lo afectado por las circunstancias sociopolíticas y aquel arte que sólo responde al orden y la lógica de la estética que lo guía, justo como las máscaras de Cueto.

 Con el tiempo el escultor mexicano continuaría con la producción de sus máscaras, aunque en algunos casos, diseñadas para piezas teatrales o de ballet, pero sobre todo, a su regreso a México en 1932, pese a encontrarse con la condena a la innovación radical de sus aleaciones insólitas, por hallarse el medio artístico dominado por un fuerte nacionalismo de carácter realista social, Cueto terminó por ser impulso e incluso maestro de la nueva generación de escultores de la segunda mitad del siglo XX, que renovaron por completo su práctica, orientándola a la creación de formas expresionistas o claramente abstractas, elaboradas con materiales industriales y concebidas para ser parte del nuevo ambiente urbano.

 

Dr. Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2021.

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