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Manuel Ocaranza

El costurero, 1873

Óleo / tela
73 x 55.5 cm.
MO001

El costumbrismo en México fue clave para la conformación de la nación durante el S. XIX, gracias al arte que se produjo con esta temática se logró mantener una imagen de país en el imaginario, que posteriormente ayudaría a definir una clase de identidad mexicana. Artistas como Agustín Arrieta se encargaron de plasmar la parte rural y provincial del país, dándonos personajes como el Chinaco, la China Poblana y la Celestina, los cuales se encontrarían en el grupo del coloquio nacional. A su vez, se encontraban artistas que pintarían otro grupo social, el de la burguesía, como es el caso de Manuel Ocaranza, quien desde una perspectiva académica y romántica plasmaría como principal personaje a una mujer que estaría cargada de expectativas y simbolismo debido al rol que le tocaría jugar: Madre, esposa, doncella, hija, la domesticidad de la mujer en el ámbito burgués. A partir de ahí Ocaranza logra de la mano del simbolismo dejar testimonio del tambaleo de los valores que se vivían después de una crisis liberal moderna que vendría a querer remplazar los paradigmas conservadores.

El costurero (1873), presentada en la XVI Exposición de la ENBA en 1873, nos muestra a una joven dispuesta al descanso sobre un sillón rojo aterciopelado, ataviada con un camisón blanco de holanes disfruta de la tranquilidad en su hogar. Levantada en el aire observa una pequeña camisa que nos conecta automáticamente con la idea de la maternidad que al ser relacionada con el anhelo que muestra en el rostro, nos deja entender que Ocaranza presentó el gozo femenino del saberse futura madre. Esta obra también conocida como Una joven esposa contempla con gozo la camisita que va a servir para su primer hijo, nos presenta la antítesis de otras mujeres pintadas por el mismo autor, Mujer regando una flor o La flor muerta, las cuales representan a unas mujeres llenas de tribulación en el rostro, la angustia de haber faltado a la moral, mientras que a la joven por su condición de esposa no le queda más que esperar con felicidad a su futuro hijo.

texto: Ana Paula Lopez Nieto

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