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Julio Ruelas

La domadora, 1897

óleo sobre cartón
15 X 19 cm.
JRue006

Durante los años de su formación en Europa, al principiar la última década del siglo XIX, Ruelas se familiarizó con la obra del pintor y grabador belga Félicien Rops, de quien más adelante tomaría algunas ideas y motivos visuales para darles una inflexión propia. Entre ellos, el de la cortesana desnuda, engalanada con un gran sombrero y con las piernas enfundadas en unas medias negras, a la que un cerdo le sirve de guía, y que Rops trazó en una estampa titulada Pornokrates (1896), muy posiblemente inspirada en un texto de Pierre-Joséph Proudhon publicado a mediados del siglo XIX: La Pornocratie, ou les Femmes dans les temps moderns. En un simbólico jardín y a la sombra de un árbol, una tentadora está de pie, Circe o Eva, vestida a la moderna con sombrero canotier, chapines y medias negras. Igual que una domadora de circo, empuña un látigo con el que regula y dirige el movimiento de un cerdo que da vueltas a lo largo de una vereda elíptica. Un simio, montado en una piedra a la vera del camino, justo arriba del cerdo, observa el espectáculo. Ambas criaturas tienen una larga tradición emblemática: el mono simboliza el vicio, mientras que el cerdo representa la voracidad, la avidez y la lujuria (apenas devora una bellota y ya se afana por tragarse la que sigue). La relación de ambos animales con la lascivia, y su ronda perenne en torno a la dominatrix, aluden simbólicamente a la esclavitud en la carne: un estadio instintivo, de confusión con la materia, que provocaba particular recelo en la sensibilidad masculina finisecular.

Vid. Fausto Ramírez, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autonóma de México, 2005.

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