Jesús Guerrero Galván

El filósofo, 1948

Oleo / tela
80 x 60 cm
JGG005

El filósofo es reflejo de una etapa madura del quehacer retratístico del tapatío Jesús Guerrero Galván, cuando abandonó las suaves figuras redondas y las superficies de gruesos empastes y se adentró en diversas composiciones de colores neutros y luminosos, añadido a una nueva utilización de trazos y ángulos remarcados. En este lienzo, donde destacan la solidez de la línea del dibujo y la creación de volúmenes, vemos a un adolescente semidesnudo cubierto decorosamente por una tela rosada, sentado en forma encorvada en una silla de mimbre. Observa fijamente hacia un punto lejano ?elemento característico de otras pinturas de Guerrero Galván,- y sostiene en su mano derecha un pequeño caracol. Acompañan la escena un mueble con un cúmulo de flores secas y una máscara con dos iguanas colgada en el muro. El título de la obra quizás se refiera a la actitud contemplativa, e incluso inexpresiva, del adolescente pensador, aunque también encuentra sus resonancias simbólicas con en pequeños elementos. Por ejemplo, el caracol, pintado aquí con sumo detalle, pero que el niño no observa, nos remite a un antiguo símbolo lunar de renovación constante, mientras que en la simbología cristiana significa la resurrección, ya que en la primavera rompe la tapa de su concha. Este animal tiene una aproximación con la máscara, encarnación mágicorreligiosa y pagana que adoptaba acepciones más complejas como la desinvidualización y la mundanidad. Por lo tanto, la máscara y la concha ?la parte humana y la parte animal- parecen constituir una especie de protección del mundo exterior. De esta forma, el joven filósofo es la representación e inquietud, quizás con ciertos nexos autobiográficos, de la búsqueda de una racionalidad individual que trataba de unirse al cuerpo y al espíritu.

Vid. Dafne Cruz Porchini, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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