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José Agustín Arrieta

Cuadro de comedor (con sopera), ca. 1857-59

Oleo / tela
67.2 x 90 cm
AA006

La obra más abundante de José Agustín Arrieta fueron los bodegones, los cuales comenzó a pintar con mayor constancia a partir de 1843. Este tipo de pintura también conocido como naturalezas muertas representa diversos objetos tales como cántaros, vasijas, cestas y cristalería, así como variedades de frutas, legumbres, flores y animales, a los cuales particularmente Arrieta representó tanto vivos como muertos.

En esta obra, titulada Cuadro de comedor (con sopera), el pintor hace gala de un increíble manejo de la luz, proveniente del lado izquierdo de la composición. Arrieta ejecuta con gran maestría la diversidad de materiales de los que están hechos los objetos representados, dejándonos apreciar los detalles de los cortes en la cristalería, la sensación de frialdad de los metales, la textura y consistencia de las frutas y la delicadeza de las flores.

Regularmente Arrieta empleaba la misma paleta para los fondos, tonos de sombra y pardos y lograba un equilibrio entre los cálidos y fríos dependiendo la diversidad y cantidad de elementos representados, de igual manera utilizaba una perspectiva frontal, la cual dejaba ver el borde de la mesa en la que están dispuestos los objetos y alimentos, que a mayor número, mayor era la abundancia de la casa. Lo anterior es de suma importancia, ya que estos cuadros eran realizados para decorar los comedores de las grandes casas, en este caso de la alta sociedad poblana del siglo XIX.

El pintor no repara en evidenciar el detalle de cada pieza; los ornamentos azules del vaso, la finura y elegancia del cristal cortado del jarrón o la ambarina transparencia de la licorera, cuyo reflejo recae justo en la charola sobre la que se encuentra la sopera, la cual presenta un exquisito trabajo en el remate de la tapa.

Peras, plátanos, chabacanos y una tuna (la única fruta que se presenta cortada), se encuentran en el frutero y a la vez, dispuestos sobre la mesa, entre objetos de metal y fino cristal, una pala de madera se posa discreta sobre uno de los jarrones de modesto barro, que presentan de igual manera, atractivas formas y una gran ejecución.

La firma en el centro de la mesa se convertiría en un distintivo de los bodegones de José Agustín Arrieta.

Carlos Uzcanga

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