X

Hermenegildo Bustos

Retrato de Dolores Hoyos, 1864

Oleo / tela
35.5 x 25.5 cm
HB005

Este retrato realizado a Dolores Hoyos, además de perpetuar el recuerdo de la persona en la memoria de sus familiares y amigos, muestra el realismo que caracterizaba el lenguaje pictórico de Hermenegildo Bustos, quien se preocupaba por reflejar en las facciones de cada rostro, la carga emotiva y psicológica de los retratados, a diferencia de la idealización que envolvía a la pintura realizada en la segunda mitad del siglo XIX.

Aquí, Dolores Hoyos es presentada como una joven que sostiene delicadamente entre sus manos una flor blanca, una magnolia a la cual entre los simbolismos que se le atribuyen, se encuentran la nobleza de espíritu y la pureza. Dichos atributos podrían ser propios de la juventud o bien mediante la flor, simbolizar una pérdida;  la joven se encuentra vestida completamente de negro, como si guardara luto y aunque es una mera interpretación, también es una posibilidad.

Los accesorios que porta la joven son sencillos, un par de aretes, un collar ceñido al cuello por un broche ovalado y unos cuantos anillos que no poseen mayor detalle en comparación al inventario de joyas y accesorios que portan los sujetos a lo largo de toda la producción de Bustos, lo que nos sugiere que podría haber pertenecido a una clase social media. En el negro vestido, el pintor logra advertir algunos pliegues con unas cuantas pinceladas ligeramente más claras, la ropa y el fondo contrastan con la blanca piel de la muchacha y la flor nívea.

Dolores Hoyos se presenta impávida y aunque dirige su mirada al frente, esta parece perdida. Posee una expresión solemne, como todas las personas retratadas por Bustos; es raro o podría decirse que imposible encontrar en alguna, el esbozo de una sonrisa, incluyendo a los niños que retrató, pero a pesar de esa seriedad, el pintor logra plasmar en sus obras algún rasgo que deja entrever el carácter de sus retratados.

Una de las preocupaciones de Hermenegildo Bustos fue plasmar con exactitud la fisonomía de sus modelos, por lo que se pueden encontrar tanto expresiones fuertes, duras y otras cándidas y sutiles. En sus cuadros también aparecen regularmente elementos iconográficos como la magnolia representada en este cuadro. A partir de 1850, aparecen una serie de constantes en su trabajo tanto técnicas como formales; durante veintidós años utilizó indistintamente lámina o tela como soporte y casi siempre presentó a las figuras en tres cuartos de perfil sobre un formato rectangular, tal es el caso de esta obra realizada por el artista en 1864.

Carlos Uzcanga

Otras obras del artista