Pedro Galarza Durán, 1882-1972

Pedro Galarza Durán nació en Guadalajara, Jalisco, México, en 1882. Fue un pintor impresionista de la moderna escuela mexicana, al igual que Francisco Romano Guillemín y Joaquín Clausell.

Desde niño se le notó vocación para el dibujo, alternó sus estudios de educación primaria (de la cual sólo cursó hasta el 4° año), con un trabajo que tenía como pintor de casas. Años más tarde se convirtió en aprendiz de pintura artística en un taller. En su adolescencia, Pedro Galarza se enroló en la Revolución Mexicana y de soldado raso, llegó a ser oficial de confianza del General Celestino Gasca, hecho importante, ya que a dicho General le debe el haber estudiado en la Academia de San Carlos una vez terminada su participación militar. En esta Academia, sus maestros fueron Mateo Herrera, Albarrán, Pacheco y otros más, de lo que se deduce fueron el grupo precursor del movimiento mexicanista moderno. Pedro Galarza siguió la misma escuela y se desarrolló dentro del concepto contemporáneo (en aquél entonces) de la pintura mexicana.

Su carrera artística se vio suspendida nuevamente por la Revolución, cuando fue llamado a filas para sofocar el movimiento de Adolfo de la Huerta. Al concluir este suceso, se dedicó con mayor ahínco a estudiar y a pintar en forma constante, por lo que llevó a cabo un gran número de obras de caballete, la mayor parte de las cuales se encuentran en colecciones particulares en México, como en la Colección Andrés Blaisten y algunas otras en el extranjero.

Fue un pintor original que conservó su individualidad, pues evitó copiar el estilo de sus maestros o las tendencias de la época. Su norma fue pintar de manera espontánea, comprender y expresar la naturaleza tal y como él la percibía. Su obra está considerada dentro de la escuela “impresionista”. Su técnica destacó por utilizar empastados, por emplear cargas matéricas que contrastaba con el uso de delgadas y suaves capas de color, trazaba pinceladas leves y obtenía resultados extraordinarios, dando dicho tratamiento al paisaje mexicano, sobre todo a los interiores de sus “vecindades”.

Su interés por el paisaje y el humanismo lo llevó de igual manera pintar al aire libre, al campo, así como a los patios con lavaderos y a las casonas viejas, genuinamente mexicanas. De manera que quien contempla las casas o patios desvencijados, sucios, sin pintura, a medio caerse, con vidrios y ventanas rotas, no pensaría que algún artista plasmara dichas escenas en un cuadro y Galarza, con su sensibilidad y técnica, las presenta como espacios llenos de belleza y estética.

A los 65 años, cayó gravemente enfermo y permaneció en el hospital por 2 o 3 meses, hasta que un médico, el Dr. Raúl López Engelken lo operó sin cobrar sus honorarios, lo que le permitió vivir y pintar por un par de décadas más, al recuperarse, obsequió una pintura a cada una de las personas que ayudó en su tratamiento. Pedro Galarza fue un hombre generoso y un destacado artista del México del siglo XX, murió en 1972.