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Julio Castellanos

La carta, 1945

Óleo sobre tela
48 X 34 cm.
JC002

La carta es el único óleo que Julio Castellanos pintó por encargo a lo largo de su vida. Lo realizó para la campaña de alfabetización de la Secretaria de Educación Pública en 1945. Se trata de una escena costumbrista, en donde la luz y la cotidianeidad son el ingrediente principal, nos hablan sobre la profundidad de lo popular, lo académico y lo estilístico.
 A simple vista, parece sencilla, pero que está cargada de nostalgia, sentimiento y simbolismo. La composición es usual, y a la vez revolucionaria: Por medio de este cuadro, Castellanos nos habla de la importancia de la mujer para la cultura mexicana, ya que si bien, no ocupa un lugar central en la vida pública, es gracias a su administración y prudencia que se mantiene la fuerza y unidad de la familia nuclear. El escenario recuerda mucho a lo teatral, dando importancia a los personajes, pero también a su entorno, un interior, y una luz intensa en la ventana, que invita a imaginar qué es lo que las mujeres contemplan, mientras se preparan a cubrir su importante papel para la preservación de las costumbres nacionales.
De nuevo, como en la mayoría de la obra de Castellanos, nos encontramos con personajes de miradas impasibles, pero sumamente activos, especialmente en el rostro del infante, según lo dejan ver esos mismos ojos. El artista nos deja un testimonio de la importancia de la comunicación oral para la sociedad mexicana, pues es la mujer mayor quien transmite el conocimiento a través de la lengua hablada, obtenido de lo que contiene la carta. Quizá sea ella la única que tiene el conocimiento de la lectura, y su posición como matriarca le confiere la responsabilidad de transmitir esta información. Esta pieza demuestra la corriente contemporánea de la que es miembro Castellanos como artista visual, y representa un testimonio de lo mexicano más allá del nacionalismo del que se le acusó de no pertenecer, propio del muralismo y los movimientos artísticos posrevolucionarios, destacando, sobre todo, como en mucha de su escasa obra, lo femenino, la maternidad y la cultura popular.
En La carta podemos ver plasmado un pronunciamiento sobre la familia y la cultura en el México del siglo XX. La fuerza del matriarcado como pilar del hogar y la familia se destaca en la transmisión de información de una generación a la otra. La mujer mayor lee una carta, de la que desconocemos el contenido, pero se puede asumir que es información que ha de servir a la mujer joven, que escucha atentamente. La diferencia de edades se hace patente en las manos de la mujer mayor, con las que sostiene la carta. Un detalle parece resaltar también, sobre todo por la importancia que tienen las mujeres para la vida pública: la mujer mayor esconde su rostro, no podemos ver sus rasgos, mientras que la mujer joven, al escuchar, nos muestra su perfil. La pequeña criatura, que podemos asumir es una niña, mira de frente al espectador, aunque sin establecer contacto visual. La edad es un símbolo importante de esta composición.

Eduardo Celaya, 2019

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