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Alfredo Zalce

Paricutín, 1949

Oleo / tela
54 x 79.2 cm
AZ001

Es interesante señalar que, cuanto más se intenta explicar al arte mexicano de la primera mitad del siglo XX como la expresión plástica de una revolución y, por ende, quizá cautiva de una intencionalidad dogmática, más se advierte el contraste de que, en su inmensa mayoría, la pintura mexicana surge de una profunda vena lírica e introspectiva. Resulta curioso que los artistas, entre más comprometidos con una consciencia social y una postura política, hayan sido, por lo general, exponentes de una subjetiva mirada a la realidad de México: piénsese en la utópica visión de Diego Rivera pero también en el humanismo de Orozco y en la poesía no recóndita que puede haber en un artista como Alfredo Zalce quien, habiendo sido miembro activo de la LEAR -Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios- se permitió tratar también asuntos menores, quizá intrascendentes pero que, en cambio, le proponen retos de ejercicios plásticos como puede ser la paleta gris oscura, de suave pastosidad, que empleó en su versión del Paricutín, opuesta a la explosión dinámica del Dr. ATL.

Cfr. El catálogo de la exposición, Mexico. A Landscape revisited. Washington, Smithsonian Institution Traveling Exhibition Service, 1994.

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Fondo Francisco Díaz de León