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José Clemente Orozco

Alegoría de México, ca. 1948

Piroxilina / masonite
79 x 122 cm
JCO005

Esta alegoría de 1947 fue usada como portada para el primer número de la revista México en el arte (julio de 1948). En ella, Orozco hace de lado los modelos masculinos del poder, como la monumental estatua de Morelos en Janitzio (1933-1935, Guillermo Ruiz), o la idealizada mujer-patria envuelta en una bandera, concebida como mestiza y joven, que el Cardenismo reprodujo en miles de calendarios, esculturas y estampillas postales. Aquí, la nación es una entidad ambigua y cruda, forjada de algo más carnal. Un jaguar de amarillo brillante, con las ancas alzadas y la cola erecta, enfrenta cara a cara a una serpiente verde que se enrosca sobre él, aparentemente en vano. Un toro vuelto sobre su lomo ocupa el fondo; sus patas delanteras, apenas sugeridas, atrapan la cola de la serpiente de cascabel que se enrolla sobre el jaguar. Desafiando la anatomía, sus patas traseras se doblan para formar una suástica blanca. Toda la escena se desenvuelve sobre un campo rojo brillante, que a la derecha se transforma en un azul oscuro. El empleo de la piroxilina sobre masonite revela la influencia técnica de Siqueiros, pero la parquedad con el color y la brocha, típicas del Orozco tardío, dan clara cuenta de su exploración de la representación llevada al límite. En términos estilísticos la pintura supone coincidencias con los violentos y míticos dramas de la obra de los años cuarenta de Mark Rothko y Jackson Pollock (La Loba, 1943, Museum of Modern Art, Nueva York). Sin embargo, la iconografía de Orozco es nativa y no jungiana; el jaguar y la serpiente tienen obvios referentes prehispánicos, mientras que el toro podría ser un reconocimiento marginal del bagaje hispánico, con ecos más inmediatos en el Guernica de Picasso. Toda su vida Orozco se obsesionó por encontrar una alegoría que explicara a México. Así, esta obra se relaciona íntimamente con la Alegoría de la Mexicanidad (1940) del ábside de la Biblioteca Gabino Ortiz en Jiquilpan, Michoacán, donde la serpiente estrangula al águila. Algo semejante ocurre en Las riquezas nacionales (1941), un mural pintado para la Suprema Corte de Justicia en la ciudad de México. Este par de frescos incluye a la bandera nacional, elemento ausente en las alegorías. Incluso Justino Fernández tuvo dificultades para interpretar estas complejas alegorías orozquianas y su idea de nacionalidad, pero aquí no cabe duda que la serpiente simboliza la traición, con un significado más cercano al Libro del Génesis que a la leyenda de Quetzalcóatl. Un encuentro similar del enfrentamiento del poder se observa en El día y la noche (1964, Museo Nacional de Antropología), obra posterior de Rufino Tamayo.

Vid. James Oles / Carlos Molina, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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En Francisco Díaz de León