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Carlos Orozco Romero

Peregrinos, 1931

Temple y gouache / papel
26 x 20 cm
COR015

Este pequeño gouache hermosamente pintado muestra tres peregrinos, dos a pie y otro montado sobre un caballo blanco, portando un pendón rojo. La escena, realizada con una paleta que sobrepone azules, rojos y blancos terrosos, tiene una calidad onírica que recuerda las primeras obras de Kandinsky o de Chagall. Sin embargo, esta composición no sugiere una mera imitación, dado que Orozco Romero y muchos de sus colegas mexicanos estudiaron a profundidad el trabajo de sus contrapartes europeos en un esfuerzo decidido de romper con la Academia y asimilar las nuevas técnicas a fin de crear el arte moderno ?mexicano?. Peregrinos comparte también las asombrosas cualidades formales de Perfiles y Mujeres durmiendo (1929) de Mérida. En 1930, Mérida describió a Orozco Romero, junto con Lazo, Tamayo y Julio Castellanos como: ?hijos de un segundo y más frondoso renacimiento?. El año siguiente, todos, salvo Castellanos, participaron en una exposición titulada ?Ocho pintores?, patrocinada por la cervecería mexicana Carta Blanca en el Palacio de Bellas Artes. En su comentario sobre la exposición, José Gorostiza identifica a Orozco Romero y a Mérida como representantes de la tendencia surrealista y dentro de la corriente por cual ?el pintor trata de expresarse tan sólo en términos plásticos, con exclusión de elementos impuros o simplemente extraplásticos, entre los cuales se hace figurar el tema. Así concebida, la plástica pura empieza a invadir el campo de la poesía.? Si bien uno estaría tentado a interpretar Peregrinos desde la mirada religiosa o folclórica, la distribución abstracta de elementos sobrepuestos tiene prioridad sobre todo lo demás, y la composición elude una interpretación rígida. En vez de eso, invita al disfrute visual del color, la forma y la composición.

Vid. Adriana Zavala, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad nacional Autónoma de México, 2005.

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