Carlos Orozco Romero

Autorretrato, 1948

Oleo / tela
100 x 80 cm
COR035

En este autorretrato, los saltones e intensos ojos verdes de Orozco Romero miran directamente al espectador. Más que posar como el pintor caballeresco, el intelectual o el artista bohemio, el pintor ofrece una interpretación franca de sí mismo con su lienzo, creada en lo que para Orozco Romero es un estilo inusualmente realista, en particular cuando se le compara con el retrato oculto de su Naturaleza muerta de 1932 (Colección Blaisten). Aunque antecede a su burlón Autorretrato de 1956 (colección particular), aquí exagera ligeramente sus rasgos. La pequeña cabeza suspendida sobre unos hombros más bien anchos, la mirada intensa, el brazo apenas atenuado y la delicada mano indican la escasa intención de idealizar su apariencia. Sin pretensiones, el pintor porta una sencilla camisa sin cuello, limpia y brillante que destaca contra el fondo deslucido. Es el centro de la atención, con su pincel en mano, listo para comenzar a pintar. Esta pintura es una interpretación de mayor formato y más acabada que el autorretrato en tinta sobre papel que Orozco Romero hizo para el coleccionista de arte Marte R. Gómez en 1946, presentada en la exposición ?45 Autorretratos de pintores mexicanos? (1947). Aunque visto desde un ángulo ligeramente distinto, en éste también posa de manera parecida junto a un lienzo. En estilo y atmósfera, esta obra también se relaciona con otro autorretrato de 1945 donde sostiene una alcancía pintada de Tonalá, como la que inspiró el globo de Sueño. En tanto que la versión de 1945 sugiere una mayor interiorización, aquí Orozco Romero se muestra como era: uno de los pintores de caballete más destacados de México.

Vid. Adriana Zavala, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

Otras obras del artista

En Coleccion Blaisten

En Francisco Díaz de León