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Mardonio Magaña

La molendera, ca. 1930 - 32

Madera
60 x 30 x 45 cm
MM001

La molendera es uno de los tipos populares, personificaciones de usos y costumbres propias del folclor mexicano, que Luis Campa y Antíoco Cruces reprodujeran en multitud de fotografías a mediados del siglo diecinueve, desde la caída de Maximiliano hasta la primer presidencia de Porfirio Díaz. Eran comunes las descripciones de oficios en la ciudad o el campo (el tlachiquero, el arriero, el sereno, entre otros); servían de comentario sociológico y representaban el inescapable fetiche de la mercancía. La molendera es también una representación lírica de un oficio o actividad cotidiana estrictamente femenino, muy utilizada entre los artistas cuya agenda era la de la mexicanidad a principios del siglo veinte, como Rivera, en su famosa Molendera de 1924 (Museo de Arte Moderno). La intención es traer decoro a la pobreza y romantizarla a grado tal que se vuelve imagen de aquella distinción que Luis González hacía entre la Patria -los referentes nacionales mediados por el Estado: el himno, la bandera, las instituciones- y la Matria -aquello que todos reconocemos como culturalmente ?nuestro?, la sazón de una madre, las tortillas, los mariachis, el campo-. Conserje ya viejo cuando Diego Rivera se acredita su ?descubrimiento? en la Escuelas al Aire Libre en Coyoacán; en julio de 1929, participa en una exposición colectiva (?Un grupo de pintores de Coyoacán?) en la Galería de Arte Moderno en el Teatro Nacional (hoy Palacio de Bellas Artes) y un año después, el muralista publica en Mexican Folkways (julio de 1930) un primero esbozo sobre el que llamaba ?el más grande escultor mexicano contemporáneo?. De hecho, se vuelve protegé de Rivera, de él tomará sujetos a representar? Magaña tiene un talento peculiar para los volúmenes y la talla en madera, para la representación conmovedora y sencilla de la realidad que le es familiar como peón de hacienda. Aquí, como en la mayoría de sus obras, hay un sentido plástico innato en el manejo de las formas, justamente lo que la agenda ideológica del momento quería propagandizar: la ausencia de un manejo de la proporción clásica aprendida de la academia, y la rudeza de la talla en madera asumida reflejo de las condiciones de vida del escultor como representante último del pueblo.

Vid. Carlos Molina, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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