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Amador Lugo

Incendio en la Colonia de los Doctores, 1951

Oleo / masonite
50.9 x 56 cm
AmL003

Los niños pintores fructificaron algunas veces como semillas artísticas, dispersando modelos visuales y lenguajes plásticos. Así como debe reconocerse que las Escuelas de Pintura al Aire Libre allanaron el camino para muchos artistas, también debe señalarse que a sus educandos les fue difícil superar las líneas temáticas aprendidas en aquellos planteles de enseñanza. Lo que comparten Ramón Cano Manilla, Fernando Castillo y Amador Lugo es que, habiéndose formado en los centros y escuelas libres, hicieron centro de su atención un mismo asunto: la dimensión mágica de lo cotidiano. Si bien es cierto que los maestros como Ramos Martínez y Gabriel Fernández Ledesma procuraron que sus alumnos alcanzaran una personalidad plástica individual, dado que los modelos procedían de manera empírica del entorno que les rodeaba, este referente continuó siendo la materia prima de su producción ulterior. Tras varias décadas en el arte, el campo, la ciudad y las zonas conurbadas siguieron constituyendo el universo creativo de Amador Lugo, quizá plenos de detallismo, pero lejanos a una narrativa simplista que en momentos adquieren el encanto visual de épocas pasadas y de paraísos perdidos. No sólo el arte pareció cambiar al mediar el siglo XX, sino la ciudad misma y sus habitantes, y como si fuera un cronista que resguarda la memoria colectiva, Lugo se avocó entre 1950 y 1952 a composiciones que llamaria de ''memoria de lo inmediato.

Cfr. El catálogo de la exposición, Oleos, gouaches, acuarelas y dibujos de Amador Lugo. México, Salón de la Plástica Mexicana, del 17 de enero al 14 de febrero de 1952.

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