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Manuel Herrera Cartalla

Vendedor de Judas, ca. 1960

Dibujo a lápiz

MHC013

Manuel Herrera Cartalla demuestra en su trabajo Vendedor de Judas su extraordinaria habilidad para trabajar con luces y sombras, al tiempo que hace un homenaje a la labor y el trabajo del pueblo mexicano de su tiempo. Este dibujo a lápiz, en formato vertical, si bien parecería sencillo, es testimonio del dominio del espacio y la composición, por medio del uso del trazo fuerte y decidido. Destaca la formación geométrica de las figuras representadas, mientras crea una composición en formato triangular, llevando la mirada del espectador de la parte superior hacia la inferior, pasando por la figura del vendedor de Judas, denotando su importancia y centralidad en la obra. Destaca de esta figura central su rostro, marcado por el paso del tiempo y la rudeza del medio ambiente, volteando hacia el cielo, plagado de nubes, mientras se cubre del calor del día con la carga de judas que lleva en su vara. Los judas, una tradición mexicana para quemar efigies de personajes poco apreciados de la época reciente, muestran poco detalle, aunque sin dejar de lado el cuidado de cada una de estas representaciones, donde podemos encontrar diferentes posturas y fisonomías, lo que nos habla de los muchos personajes que la comunidad representada en el dibujo, denostaba. El juego de luz y sombras en estas pequeñas figuras, así como en los personajes que aparecen en último plano son testimonio de la amplia formación de Herrera. La configuración de las sombras se acerca también al cubismo, ya que no corresponden necesariamente a las figuras que las proyectan, y nos habla de diferentes planos superpuestos en un solo punto de vista. La banqueta sobre la que se sitúa el personaje central se nos aparece curveada, casi como si fuera vista a través de un ojo de pescado, pero sin mostrar alteración en los personajes, lo que nos recuerda nuevamente la superposición de puntos de vista en un mismo plano.


Eduarde Celaya, 2019

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