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Manuel González Serrano

La orquídea, ca. 1945

Oleo / cartón
27 x 33 cm
MGS016

Esta pintura de fines de la década de los cuarenta muestra mayor complejidad compositiva y estilística que sus bodegones más sencillos de principios de la década, aunque aquí también, los objetos están colocados tan cerca del primer plano que se diluye el interés en el espacio circundante. Una desdoblada hoja de papel blanco llena casi toda la composición. Una marchita orquídea rosa claro cae hacia la izquierda; un trozo de musgo verde surge a la derecha; y atrás hay dos granadas maduras, una de las cuales está abierta para revelar sus carnosas semillas. Por todo el papel hay más semillas brillantes diseminadas, colocadas de tal manera que no parece que hayan caído así por accidente. La orquídea, un símbolo de elegancia, delicadeza, perfección y sexualidad, también aparece en Fecundación (ca. 1947-1948, colección particular), en la cual las dos flores parecen copular en una cueva: una echa semillas como si fuera esperma mientras que la otra, menos ?erecta?, se inclina para recibirlas. Ambas flores están adheridas a verdes ramas musgosas, como en La orquídea. Tanto en la iconografía clásica como en la cristiana, la granada representa la fertilidad, así como la regeneración e incluso la vida eterna. Por este motivo, González Serrano muestra la fruta que se abre de golpe, como lo hace en Granadas con paisaje (ca. 1946-1947, Biblioteca de Arte Ricardo Pérez Escamilla). El pedazo de papel, como una escultura de origami desplegada, es más enigmático, aunque también es manifiesto en otras pinturas, incluyendo el retrato de Salazar Mallén de 1949, y quizá sirva simplemente de contraste angular con las formas carnosas naturales sobre él. Un cuidadoso análisis indica que el artista imaginó los pliegues, más que duplicar lo que observaba.

Vid. James Oles, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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