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Manuel González Serrano

Aprendices de torero, 1948

Oleo / madera
60 x 80 cm
MGS001

En un lote baldío en los suburbios de la ciudad, cinco jóvenes juegan a ser toreros. Cuatro sostienen telas rojas mientras que el quinto está a horcajadas sobre un palo que sostiene el cráneo de un toro. A la derecha, un oscuro muro manchado proyecta una sombra sobre el suelo; a la izquierda una extraña construcción sin ventanas, con estatuas alegóricas arriba de la cornisa enmarca la escena. Detrás del muro sobresalen unas ramas deshojadas y construcciones de acero igualmente esqueléticas que se elevan entre los edificios más antiguos. A la distancia se observa una plaza de toros con arcadas debajo de un horizonte montañoso. Aunque los detalles podrían referirse a lugares reales de la ciudad de México, la escena es más teatral de lo que parece a primera vista. En La ventana (ca. 1952, colección particular), de este mismo artista, la cornisa del edificio también está coronada por una escultura, donde parece hacer referencia al pasado colonial o decimonónico. Tanto las estatuas como los jóvenes y la exagerada perspectiva recuerdan las obras de Carlos Orozco Romero (Sueño, colección Blaisten) y de Juan Soriano (Paisaje lírico, 1949-1951, colección particular). Asimismo, en el fondo del retrato de Rubén Salazar Mallén de 1949 (colección Ricardo Pérez Escamilla) hay esqueletos de acero similares, aunque también nos recuerden de la famosa película Los olvidados de Luis Buñuel, de 1950, donde los nuevos edificios modernistas del campus de la UNAM sirven como símbolos utópicos de progreso, contraste irónico con la violencia que los jóvenes protagonistas infligen y aguantan. Aunque más lírica, esta imagen de González Serrano también plasma jóvenes atrapados entre el pasado y el presente, bajo el manto de la marginación. Las escenas taurinas fueron un tema importante para los artistas europeos desde Manet hasta Picasso, pero en el siglo XX nadie fue tan prolífico como Carlos Ruano Llopis (1878-1950), un ilustrador español cuya obra apareció en innumerables carteles, incluyendo los publicitarios que se colocaban en la antigua Plaza México de la Colonia Roma en la década de los años cuarenta. Sin embargo, las representaciones del toro mismo son escasas en la historia moderna del arte mexicano, por su asociación con la hispanofilia conservadora más que con el nacionalismo ?progresista?. Entre los pocos paralelismos directos con la pintura de González Serrano son el cuadro de Antonio Ruiz (La capeada, 1936, colección desconocida) y una fotografía de Lola Álvarez Bravo que muestra a dos jóvenes toreando (Novilleros, ca. 1945), obras que también realzan el juego más que el ritual.

Vid. James Oles, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autonóma de México, 2005.

Otras obras del artista

En Coleccion Blaisten