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Gabriel Fernández Ledesma

El ebanista, 1925

Oleo / tela
80 x 80 cm
GFL001

Esta compleja composición de planos encontrados es tanto un homenaje como una descripción de un oficio que se encuentra a medio camino entre la creación plástica y la artesanía utilitaria. Con el impulso que el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios de México dio al programa ideológico de la plástica mexicana a partir de 1923, pinturas como ésta se convierten en un manifiesto político. Virtuoso ejercicio de la forma, dibujado a partir de conos y triángulos ?el tórculo, las virutas, las espirales de las patas de la mesa, los brazos de un sillón y la pantalla de una lámpara?, el cuadro es una demostración de ángulos que parecieran no tener cabida en una composición que se antoja abigarrada, pero que está resuelta con elegancia y precisión. Herramientas como el martillo, el cuchillo, el taladro, la fresa, las gubias y el cepillo refieren a un carpintero especializado en marquetería, marcos y chapa, mitad escultor y mitad fabricante de muebles. Las texturas están bien logradas, especialmente en el estriado de las tablas. Destaca el predominio de los tonos dorados en la madera, la piel broncínea del ?maestro carpintero? y la luz que inunda su taller, quizá también un fabricante de marcos; ese mismo amarillo cálido está apuntalado por el azul oscuro de la ropa de trabajo y los verdes del piso. En la caracterización de un especialista, la obra acusa inspiración en los astrónomos y cartógrafos representados con su instrumental científico por Hans Holbein, Lucas Cranach y Johannes Vermeer. El cuidado con que se plasma la personalidad del ebanista indicaría que es un retrato y, dado que está manufacturando una mesa, podría tratarse de un artesano con un pequeño taller o, quizá, de un fabricante de marcos. Fernández Ledesma y sus hermanos dirigieron un taller de carpintería cercano a la Academia de San Carlos entre 1923 y 1925, y ?como ha sugerido Fausto Ramírez? este ebanista pudo haber trabajado en él, aunque su nombre se desconozca. En una xilografía titulada Retrato de un obrero tallista (1926), con la imagen del mismo hombre, el pintor habla de la nobleza del material y las herramientas con que ambos, el carpintero y él mismo, trabajan cotidianamente. Pero Fernández Ledesma no idealiza al artesano popular mexicano, su homenaje no es al mestizo que trabaja toscamente la talla directa (como Mardonio Magaña), ni al sincretismo de las cajas de Olinalá, como en su Niña (colección Blaisten). El pintor se inscribe a sí mismo y a El ebanista en una tradición europea, cuya primera ramificación en América está en el barroco mexicano, y que evidencia su glosa vernácula en la mesa de este cuadro.

Vid. Carlos Molina, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autonóma de México, 2005.

Otras obras del artista

En Coleccion Blaisten

En Francisco Díaz de León