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Olga Costa

Corazón egoísta, 1951

Oleo / tela
67 x 73 cm
OC001

Olga Costa es la autora de una obra que se ha convertido en imagen misma de lo mexicano porque representa con serenidad el discurrir de la vida diaria, en que exhibe lo mágico de lo cotidiano, del paisaje, las flores, la gente, de todo aquello que es fruto generoso de la sierra. No es la composición ni el detallismo la mejor virtud de sus cuadros, sino la sincera expresión de lo nuestro ante los ojos del espectador; mérito aparte, porque, siendo profundamente mexicana, Olga Kostakovsky nació en Leipzig y se hizo, por derecho propio, pintora de México y los mexicanos. No fue plenamente autodidacta, porque tuvo estudios en la Escuela Central de Artes Plásticas y convivió con un círculo de artistas como Francisco Gutiérrez, Isabel Villaseñor y José Chávez Morado, con quien casó en 1935; pero la suya es una estética que se nutre de la intuición, de la sabia interna que deduce el color preciso en función de la emotividad segura. Quizá no sean éstos los juicios más objetivos para la historia del arte, pero la pintura de Olga Costa ciertamente evade las categorías explícitas y ni siquiera valdría decir que se propuso ser moderna, aunque sí gozosa de la realidad que la circunda, y en su sencillez ella misma evitaba autodenominarse pintora en sentido estricto.
Cfr. Elena Urrutia en, Olga Costa. Exposición Homenaje. México, Festival Internacional Cervantino, 1989.

Cfr. Elena Urrutia en Olga Costa. Exposición Homenaje. México, Festival Internacional Cervantino, 1989.

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