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Emilio Baz Viaud

La calle de Cuauhtemotzin, 1941

Temple y pincel seco / cartulina
51 x 37 cm
EBV013

Entre las obras en que Emilio Baz Viaud destinó su fino pincel para representar espacios en donde acontecían prácticas discriminadas, destaca La calle de Cuauhtemotzin, una vía localizada al sur del centro de la ciudad de México, hacia la calzada de Balbuena, en donde se extendía una zona roja llena de bares, pulquerías y hoteles baratos, situación por la cual la prostitución se desarrollaba ampliamente, como lo registrara en 1934, el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson, quien en dicha calle captó a un par de prostitutas maquilladas en exceso, asomándose por unas ventanas en espera de algún cliente. El mismo lugar sería representado en 1941 por Emilio Baz Viaud a través de una escena nocturna en que aparecen seis prostitutas ataviadas con vestidos cortos de colores chillantes y enfiladas frente una serie de cuartos numerados de un descascarillado edificio lila; no obstante, lo que más llama la atención es la presencia de dos hombres que a pesar de mirar  a las damas de la vida nocturna, como si se acompañaran en su “aventura noctámbula”, en realidad se alejan de las prostitutas por la calle empedrada con rumbo al bar de nombre Pierrot, es decir, el del payaso de la comedia italiana, el del “amor incomprendido” hacia la luna. Esta situación permite pensar que a diferencia del hombre de sombrero gris que es seducido por una de las prostitutas de vestido turquesa, es otra la postura la del hombre de playera a rayas y tirantes que coloca su brazo sobre el joven de overol y gorra violeta, ¿acaso esto es un guiño a otro tipo de ligues que se permitían en esta zona? Hasta la presencia de un perro blanco con manchas café que mira los genitales de otro negro, parece ser un comentario irónico a esta misma situación.

 La calle de Cuauhtemotzin de Baz Viaud también destaca por ser una de las pocas imágenes de actividad en plena calle, por la noche, dentro del arte moderno mexicano; otros casos son por ejemplo el retrato de Salvador Novo en bata y viajando en auto rumbo a la Alameda, otra zona de ligue, por parte del maestro de Baz, Manuel Rodríguez Lozano (MUNAL), así como la crítica de la vida en la urbe que realizara Antonio Ruiz el Corcito en su lienzo el Verano, donde un par de indígenas, posiblemente recién llegados a la ciudad, se sorprenden al mirar un aparador de una tienda donde unos maniquíes con traje de baño simulan estar en una playa; la vitrina acrecienta la distancia social, al mostrarse como una barrera para la pareja humilde. Sin embargo, la crítica social de Antonio Ruiz se acerca más a los trabajos de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) como a las obras de los muralistas centrados en la lucha de clases, mientras que el trabajo de Baz Viaud se emparenta más con el registro de la vida en la ciudad que hiciesen los realistas urbanos norteamericanos, como un espacio de prácticas simbólicas definidas y al mismo tiempo extraordinarias.

 Desde esta perspectiva La calle de Cuauhtemotzin, por su colorido y personajes sórdidos,  se asemeja más a los cuestionamientos del espectáculo nocturno callejero que fascinó a Reginald Marsh tal como lo establecen sus cuadros en relación a exhibiciones públicas en salones de baile o cines, además de que el trabajo de Baz parece también cercano a las pinturas de Paul Cadmus donde se perciben filtreos homosexuales como en Fleet’s In.

 De hecho, los hermanos Baz Viaud admiraron el trabajo de los realistas urbanos como Paul Cadmus, Edward Hopper y Reginald Marsh, ya que estos habían empezado como ilustradores de periódicos y revistas para posteriormente desarrollar una carrera como artistas tal como haría Ben-Hur Baz; además los realistas norteamericanos eran seguidores de los grandes maestros como Tintoretto, Rubens, Rembrandt o Vermeer, al grado de recuperar técnicas como la del temple, como también lo hiciesen los Baz Viaud. Incluso una mirada atenta a la tradición, podría dar cuenta que la intensa luz que emite un foco desde el marco de uno de los cuartos, así como los colores brillantes y el énfasis en los pliegues de la vestimenta de las mujeres, pudiera derivar de una lectura moderna y muy personal de los interiores Johannes Vermeer.

 A diferencia de sus antecesores que al salir de la Academia viajaban a Europa, las generaciones posteriores a Rivera y Siqueiros, como el caso de Emilio Baz Viaud, se trasladaron en su mayoría a los Estados Unidos para la realización del viaje iniciático en pos de un mayor aprendizaje artístico; por ende, es bastante probable que Baz Viaud pudiera contemplar en La gran Manzana, tanto el trabajo de los viejos maestros, como las obras de los artistas urbanos en el Metropolitan Museum of Art, ya que desde 1924 este recinto poseía una sala para la pintura norteamericana, sin olvidar al Whitney Museum of Art, el primer museo dedicado exclusivamente al arte estadounidense en Nueva York, que abrió sus puertas en 1930.

 

Maestro Carlos Segoviano, Colección Blaisten, 2019.

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