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Emilio Baz Viaud

Autorretrato con camisa azul, 1941

Acuarela y pincel seco / cartulina
100 x 65.5 cm
EBV001

A principios de los años cuarenta, tres hombres aparecen en tres autorretratos. Manuel Rodríguez Lozano, tranquilo pero fantasmal, con los brazos cruzados en una postura defensiva, frente a una ventana que no conduce a ningún lado (1941, colección Blaisten); Manuel González Serrano, con la barba sin rasurar, desaliñado y con la angustia que sigue a una noche de insomnio (1943, colección Blaisten), y Emilio Baz Viaud, serio pero bronceado y saludable, más parecido a una estrella de cine de los estudios Churubusco que al típico artista atormentado, tan fuerte y bien parecido como Pedro Armendáriz, pero con un aire más urbano. La camisa de Baz Viaud se abre seductoramente desde el cuello y lleva las mangas arremangadas. Su azul intenso es el complemento perfecto de los tonos rojos que lo circundan. Con su lápiz en la mano y una hoja de papel casi oculta bajo su codo izquierdo, se encuentra sentado frente a su mesa de trabajo, listo para empezar. El lápiz y la postura de los brazos son una cita directa a su autorretrato de 1935 (colección Blaisten), quizás una decisión consciente de mostrar la actual madurez física y artística del delicado, casi afeminado joven de seis años antes. El lápiz apunta ahora hacia el pintor y no hacia lo lejos... El fondo vacío es remplazado por el interior de un estudio, quizá en un edificio antiguo del centro de la ciudad, cerca de la Academia de San Carlos, a juzgar por la vista a través de la puerta abierta. Una enigmática tela blanca, similar a la que carga un joven en El coco (colección Blaisten) se pliega sobre el barandal. La perspectiva de la habitación, semejante a la vista en picada de su retrato El hotentote (colección Blaisten) está sesgada de manera intencional; ningún dibujante con su talento, mucho menos alguien que había estudiado arquitectura, hubiera cometido este error. La puerta es demasiado pequeña y el aro de alambre con cuentas y milagros de plata que cuelga de un gancho sobre su cabeza, demasiado grande. Estos pequeños giros surrealistas ?los exvotos mágicos, el umbral de la puerta irreal? y la proyección de un aura sensual, incluso sexual, alude todo a la pintura contemporánea de Frida Kahlo, aunque Baz siempre se mantuviera cauto, sin balconear tanto sus secretos al público.

Vid. James Oles, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.

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