Manuel Ocaranza, (1841-1882)

Manuel Ocaranza Hinojosa nació en Uruapan, Michoacán, México en 1841. Fue un pintor costumbrista de la segunda mitad del siglo XIX, quien plasmó recurrentemente a la figura femenina como principal protagonista de sus obras, desde una perspectiva académica y romántica, cargándola de elementos simbólicos y situándola en el ámbito doméstico burgués. Manuel Ocaranza renovó los temas tradicionales del arte de su época y es considerado uno de los primero artistas modernos del siglo XIX.

Inició sus estudios en la Academia de San Carlos en la década de los años sesenta, alrededor de los veinte años, de la mano de Pelegrín Clavé, Santiago Rebull y José Salomé Piña, de quienes aprendió los recursos de la escuela clásica que él desarrolló a su modo, debido a su carácter independiente y gran personalidad.

En 1862 se menciona su copia del San Juan Bautista de Jean-Auguste-Dominique Ingres, que aún permanece en el acervo de esa institución, año en el que también pintó un elegante autorretrato, donde se representa como un apuesto joven de cabello hirsuto, de gran presencia, con el pincel y la paleta en la mano como atributos de su oficio, el artista hace de sí mismo un personaje. Se muestra siendo sorprendido en plena actividad artística. En dicho autorretrato se puede observar un rasgo de humor y refinamiento personal, es de notarse que el artista se ve a sí mismo como un personaje orgulloso y satisfecho, señal del valor que se le da a una profesión socialmente en aumento y de que ya estaba desarrollando dotes especiales.

Se ha sugerido que en los primeros años de la ocupación francesa el artista volvió a su lugar de origen y se unió a la resistencia, pues profesaba ideas liberales y durante los dos o tres años siguientes no hay noticia de él. A partir de 1865 reapareció en la Ciudad de México.En 1874 ganó una beca para ir estudiar a Europa, donde copió algunas obras maestras y realizó su obra personal. Fue un excelente dibujante y pintor de gran capacidad, que sabía cómo dar realidad a los objetos, además de gracia y elegancia a las figuras.

Su visión estética se inscribe en el Romanticismo: en obras como El amor del colibrí, La flor muerta donde planteó por primera vez algunas de las particularidades que definirían su producción: la inclusión de elementos alegóricos en escenas de apariencia cotidiana y realista, la introducción de palabras y la idea de trabajar un tema en términos secuenciales, sin seguir necesariamente un orden cronológico o incluso sin respetar la misma dimensión de los lienzos.

Actualmente la obra de Manuel Ocaranza pertenece a colecciones como la del Museo Nacional de Arte pero la mayor parte de sus trabajos han permanecido en colecciones privadas como la Colección Andrés Blaisten, la cual cuenta con la primer versión de El costurero y el cuadro La cuna vacía, obras en las cuales se evidencia la ya mencionada continuidad a la que el artista solía recurrir.

Además de sus aportaciones artísticas, Ocaranza constituyó una figura protagónica en el desarrollo de una nueva concepción moral en el arte de los inicios de la República Restaurada y su trabajo plástico forma parte de este cambio social propiciado en buena medida por la ideología reformista y liberal, sustentada y fomentada incluso durante el Imperio Mexicano. Es preciso reconocer y subrayar, en tal sentido, las simpatías políticas del artista por el liberalismo, así como las relaciones personales de amistad que entabló con algunos de sus más importantes próceres como Manuel Mercado, Vicente Riva Palacio o el cubano José Martí, quien escribió sobre el pintor: «… pienso en él cada vez que veo algo bello…» (Carta a Manuel Mercado, 19 de abril de 1871). Manuel Ocaranza murió en la Ciudad de México el 2 de junio de 1882 a los 41 años.