Alfonso Michel, 1897-1957

Alfonso Michel nació el 14 de enero de 1897, sin embargo, similar a Frida Kahlo, solía falsear la fecha de su nacimiento, situándola en 1906, para en su caso, poder restarse edad acorde a la imagen que aparentaba, debido al acicalamiento y los cuidados personales que se procuraba.

 Tanto su vida como su obra se empapan de un misterio que las vuelve fascinantes, no obstante, Michel es un artista que no suele considerarse en los grandes relatos del arte mexicano moderno, ya que vivió una especie de exilio voluntario, al pasar largas estancias de aprendizaje artístico en Europa; pese a ello, se afirmó como parte del nutrido grupo de creadores que se alejaron de la pintura de tipo político y monumental, como los casos de Castellanos, Lazo o Izquierdo, optando por un arte sin anécdota y de corte poético. Empero, ya que su obra más fecunda corre a partir de los años 40, se le suele asociar con la siguiente generación encabezada por Ricardo Martínez, Jesús Guerrero Galván y Juan Soriano.

 En apariencia, la obra de Alfonso Michel podría catalogarse de sencilla por la reiteración en sus temas, en especial, su construcción de bodegones, sin embargo, al mirarlos con detenimiento, comienzan a ser perceptibles obsesiones plásticas y mensajes cifrados, que dan cuenta de una obra en alto grado alegórica y de un pintor que fue capaz de asimilar y sintetizar gran parte de la cultura plástica de su época.  Por más extraños que puedan parecer los lienzos de Michel, particularmente por sus objetos aparentemente inconexos, cada uno de estos provienen tanto de sus orígenes en el campo mexicano, como de sus vivencias europeas y por supuesto el océano que los divide y que tanto obsesionara a Michel, pues como le escribiera en una carta a la galerista Inés Amor, sus grandes amores fueron el mar y el arte.

 Michel nació en el seno de una familia hacendada de Colima dedicada al cultivo de palmas copreras. A los 19 años conoció Europa junto a sus hermanos, pero tras la muerte de su padre en 1918, decidió establecerse en solitario en San Francisco para estudiar con Mark Hopkins, tras lo cual viajó a Buenos Aires para visitar a su hermana Laura y de ahí partió hacia Europa, en donde los datos que se poseen comienzan a perder claridad, pues el propio Michel afirmó haber estado por entonces, tanto en Florencia como en su natal Tecomán, antes de asentarse en París, alternar con Berlín y veranear tanto en el Mar del Norte como posteriormente en Montecarlo y Niza.

 Para 1924, Alfonso Michel era un artista bohemio más de Montparnasse, que acudió a academias privadas, trabajó como dibujante para revistas de moda parisinas y hacia 1926, compartió su taller con Agustín Lazo, quien por entonces se dejaba marcar por el influjo de la obra de Giorgio de Chirico. En 1928, al volver a México, Michel decidió abandonar la pintura para forjarse una carrera como director de cine, sin embargo, un año después se dispuso viajar a España para retomar el ejercicio plástico y poder exponer en Barcelona, aunque tras una temporada en Murcia, volvió a Colima en 1930, estancia en que al parecer no tomó los pinceles hasta que viajó a Guadalajara en dónde recibió el apoyo de Roberto Montenegro y José Guadalupe Zuno, además de asociarse al grupo de jóvenes pintores jaliscienses de Ricardo Martínez, Jesús Guerrero Galván y Juan Soriano. La larga estancia de Michel de casi una década en el extranjero, no sólo perseguía la intención del continuo adiestramientoartístico, sino que, por su homosexualidad, también había decidido alejarse de Colima.

 En 1931 participó como extra en La mujer del puerto de Arcady Boytler, mas un año después se encontraba en la hacienda familiar, tiempo en el que una vez más decidió alejarse del oficio pictórico, hasta que en 1935 se relacionó con Inés Amor y comenzó a trabajar de forma más continua la pintura, aunque al poco tiempo, nuevamente volvió a Colima. La cuestión con Michel, al igual que con creadores como Emilio Baz Viaud y Manuel González Serrano, es el hecho de que en realidad se prestan a ser considerados como diletantes, en tanto que nunca ejercieron la pintura como una profesión constante, ya que no requerían de ella para hacerse de recursos económicos para subsistir.

 Hacia los años 40 decidió establecerse en la Ciudad de México y para 1945 presentó 17 obras, en su primera gran exposición en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor, a los 48 años. En 1949, decidió regresar a Europa en donde permaneció dos años en los cuales convivió con Rufino Tamayo, además de que tuvo una exposición en la Galería Art Pictorical de Montparnasse; al volver a México su estilo manifestaba un cambio, pues sus composiciones comenzaron a estructurarse en planos geométricos, fuertemente marcados por el cubismo. En 1953, presentó su segunda exposición individual en la Galería de Arte Mexicano, en la que destacaron sus enrarecidas y pastosas naturalezas muertas, aunque estas comenzaron a perder su misterio, priorizando los valores plásticos.

 El abigarramiento de objetos y los posibles, pero inverificables significados en la obra de Alfonso Michel, provocó el que fuera calificado por parte del historiador español Pablo Fernández Márquez, como un “Góngora de la metáfora plástica”, justo sólo un día antes del deceso del pintor, quien falleció el 18 de febrero de 1957, suceso tras el cual, poco a poco su labor artística cayó en el ostracismo. No obstante, el renovado interés por su trabajo en las últimas décadas, principalmente por la colección Blaisten, da cuenta que el comentario del crítico español se ajusta a la precisión a la realidad artística de Michel, al ser un pintor que eludió el vocabulario (político e indigenista) común de la pintura posrevolucionaria, optando por un lenguaje lleno de metáforas plásticas y una sintaxis rebuscada, a partir de una apropiación libre de diversos elementos de los artistas que a lo largo de su vida reconoció, lo que provoca que Michel se vuelva en uno de los pintores más interesantes por revalorar en el arte mexicano, al presentarse como uno camino artístico distinto, incomparable, que sólo siguió sus propias reglas e intereses, haciendo de él, un pintor plenamente universal. 

 

 

 

 

 

 

Obras del artista